Los periodistas y escritores Juan Cruz (Puerto de la Cruz, 1948) y Manuel Vicent (Villavieja, 1936) dejaron patente en la 34ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires la incalculable calidad literaria española durante la presentación de sus últimas obras: Ojalá octubre (Alfaguara), del autor canario, y Comer y beber a mi manera (Alfaguara), del valenciano. Sin embargo, el público argentino fue ayer, ante todo, testigo privilegiado, además, del inagotable sentido del humor ibérico.
Estos "dos personajes claves de la cultura española", según los presentó el Grupo Santillana en el mayor evento del libro en Latinoamérica, entretuvieron primero a los oyentes de la radio pública. Con un repertorio acelerado sobre la ciudad cuna de Jorge Luis Borges ("donde tanto placer habita"), Juan Cruz no perdió jamás el sentido de la broma en el programa. Manuel Vicent no fue menos, pero, como de costumbre, aludió a cuestiones existenciales: "Yo pienso la historia universal en 20.000 caracteres", dijo luego que un periodista argentino lo felicitara por la riqueza de sus columnas dominicales en EL PAÍS.
Pocos minutos después, transitaron por los pasillos del inmenso predio Rural del coqueto barrio de Palermo, cruzaron abrazos con el novelista y guionista argentino Marcelo Figueras se dirigieron a la sala Gorriti. Allí ofrecieron una conferencia de alta talla literaria, intelectual y, lo que nadie esperaba, humorística. Juan Cruz ofició de entrevistador y el sabio Vicent generó risas en caudales en condición de entrevistado. El primero dejó el protagonismo a su colega, pero igualmente dejó frases memorables: "Internet es un cotilleo permanente del siglo XIX por la tarde", dijo respecto a la poca originalidad de la producción cultural de estos tiempos.
Vicent citó algunas memorias gastronómicas a propósito de Comer y beber a mi manera, todas dotadas de una lección de vida, sin renunciar a las ironías y el buen humor. "El valor la tiene la cocina de los pobres. De la nada genera algo grande. La de los ricos, en cambio, de algo grande genera nada". Se trata de una obra "sencilla, franciscana", dijo el escritor levantino, en la que "no voy de que comí hormigas en Nueva Zelanda".
Y hubo muchas sentencias más que deleitaron a la Feria del Libro porteña. "Cuando la civilización caiga, todos nos agarraremos de la mermelada de la abuela(...) "El Salvado, ahora, es esnobismo puro" (...) "Mi abuela creyó hasta su muerte que los desgraciados franquistas le hicieron la guerra para sacarle la esquirla del puchero. Fue una cuestión culinaria (...)" "El que fue marxista, ahora es paellero" (...) "El acto místico más profundo que he visto en mi vida fue el de una mujer que comía ravioles a rabiar en un tanatorio de Madrid".
En el mismo código gastronómico, Juan Cruz elogió al escritor valenciano de la misma forma que éste había catalogado al guionista Rafael Azcona: "Manuel es proteína pura". Todos sonrieron y aplaudieron. Los dos se pusieron de pie y marcharon finalmente al stand de Santillana para firmar ejemplares... Entre risas, claro. Hoy, su ruta continúa en la prestigiosa Boutique del Libro. Será una nueva comedia literaria.
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