El sistema eléctrico se enfrenta esta tarde a un hecho sin precedentes: la iniciativa de apagar cinco minutos la luz de forma colectiva a una hora concreta, las 19:55. En el Centro de Control Eléctrico de Red Eléctrica (CECOEL), donde se ajusta en tiempo real la demanda de energía eléctrica con la producción para garantizar el suministro, tienen preparados los mecanismos de seguridad necesarios para que la repercusión de esta iniciativa no cause problemas en el sistema y el apagón se prolongue más de lo deseado.
"Como ante cualquier situación que pueda causar un desajuste en el sistema" -explican desde REE- "se estará especialmente pendiente de los cambios de frecuencia y de las variaciones de tensión en los nudos". Estos dos aspectos, la tensión, el voltaje con que se realiza una transmisión, y la frecuencia, el ritmo al que funciona el sistema, son claves para que no se produzcan incidentes en el sistema eléctrico como, por ejemplo, sobrecargas en las líneas que conlleven cortes.
Pero, la dificultad de una situación como ésta, además de la falta de precedentes, reside en recuperar el sistema después. Por ello se ha previsto "mucha reserva a subir y a bajar". Es decir, se han ampliado los márgenes de cobertura con los que REE trabaja habitualmente.
Las interconexiones con los países vecinos (Francia, Portugal y Marruecos) y las variaciones en el consumo de estos países, sobre todo el de Francia de donde parte la propuesta del apagón, son muy importantes en esta situación. El europeo es el sistema interconectado más grande del mundo y un incidente en cualquier punto, como el ocurrido el pasado mes de noviembre en Alemania (que dejo sin luz a diez millones de personas en nueve países europeos en unos minutos), tiene repercusiones difíciles de predecir.
El "apagón" del 12-M
Pero, pese a la incertidumbre de las consecuencias que puede tener un parón de consumo como el de esta tarde, en REE se han vivido algunos casos similares. Por ejemplo, el 12 de marzo de 2004, un día después de los atentados de Atocha, el sistema se enfrentó a dos caídas bruscas de demanda que se solventaron sin problemas. Primero, la demanda de energía eléctrica experimentó ese día una caída de algo más de 2.000 megavatios (MW) entre las 12 y las 12:15 horas, coincidiendo con los paros de repulsa. Momentos antes del mediodía, el consumo de electricidad superaba los 32.000 MWh y a las 12:00 se redujo hasta poco más de 30.000 MW.
Unas horas después, a partir de las 18:00, las manifestaciones celebradas en todo el país también provocaron otra caída brusca de la demanda de electricidad. En ambos casos, el sistema se reanimó sin problemas. Las huelgas generales o las olas de frío o calor son otras situaciones ante las que los operadores de REE deben trabajar con especial atención.
En cada momento la energía que se produce debe ser exactamente igual a la que se consume. Desde el Centro de Control Eléctrico de Red Eléctrica (CECOEL), un edificio ubicado en Alcobendas (Madrid), se emiten las instrucciones para lograr ese equilibro. Ante las variaciones de la demanda o la falta de producción, se pide a las centrales que suban o bajen su generación, en medida de las necesidades. Además, se controlan los intercambios internacionales, las necesidades de transporte y que la tensión y, sobre todo, la frecuencia estén en los parámetros adecuados.Todo este control se plasma, además de un panel en el que se representan todas las centrales, líneas y subestaciones del país, en tres curvas: la de previsión de demanda, la de demanda real y la de programación horaria. La primera, la de previsión, se elabora con los valores de consumo en periodos precedentes corregidos con una serie de factores como la laboralidad, la climatología y la actividad económica. La segunda, la de demanda real, refleja el valor instantáneo de la demanda de energía eléctrica, lo que consumimos de verdad. Y la tercera, la de programación horaria operativa, refleja la producción programada para los grupos de generación. Esta tarde muchos ojos mirarán con especial atención estas curvas.
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