Dos sectores de la población gallega han cobrado
protagonismo en estas elecciones: los emigrantes y los jóvenes gallegos.
Aunque la influencia de los residentes ausentes es escasa (su participación
nunca nunca ha rebasado el 25%), se estima que el 12% de los electores
en los próximos comicios gallegos reside en el extranjero. Desde hace
cuatro años, la Xunta tiene una Consejería de Emigración, que se ocupa,
sobre todo, de ayudar a los emigrantes gallegos en Latinoamérica,
cuyos recursos son muy escasos. Solo entre Argentina y Uruguay suman
más de 130.000 gallegos censados. En el caso argentino supera incluso
al de ciudades como Santiago, Ourense, Pontevedra o Ferrol. En Cuba
hay también un nutrido grupo de gallegos: 7.366 gallegos censados.
En la precampaña, todos los candidatos han viajado a Sudamérica
para pedir el voto emigrante y han llamado al control del mismo para
evitar que haya fraudes.
Fraga en su último viaje a Montevideo
en mayo de 2005.
Por otro lado, El PSdeG y el BNG tienen sus esperanzas en el voto
joven y urbano. Touriño repite a diario un mensaje muy sencillo.
Las elecciones son una pugna entre el futuro y el pasado, y los socialistas
encarnan los valores de la modernidad y de la juventud, de la nueva
Galicia que ya no siente reflejada en la figura de Fraga. El líder
de los soicalistas gallegos dice que "de seguir a este ritmo, en los
próximos cuatro años 75.000 jóvenes habrán emigrado de Galicia" y
busca su voto de manera activa (se ha dejado fotografiar en la visita
a un gimnasio) . Las campañas de ambos partidos buscarán
la movilización de ese electorado menor de 50 años,
urbano o semiurbano, que, contra la tendencia tradicional en Galicia,
se ha inclinado por el centro-izquierda.