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De la lista de cardenales nombrados por Juan Pablo II durante
su pontificado emerge nítido el deseo de desplazar
fuera de Europa el centro de gravedad de la Iglesia católica.Tras
los últimos nombramientos, los cardenales electores
de América Latina, principal cantera de católicos,
son 24, cifra que llega a 30 cuando se le suman los de España.
Hay latinoamericanos en la curia que gozan de una enorme
proximidad al Papa y a los medios de comunicación
vaticanos, y son citados con frecuencia en la lista de papables.
En este caso están los cardenales colombianos
Dario Castrillón Hoyos y Alfonso López Trujillo.
Pero el perfil casi perfecto lo ofrece Óscar Andrés
Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa y antiguo
presidente de la Celam.
Rodríguez Madariaga es un tipo dinámico
y políglota, ortodoxo desde el punto de vista doctrinal,
y por sus venas corre algo de sangre india. ¿Qué
más se puede pedir? El único inconveniente
de Madariaga es su edad. "Después de Juan Pablo
II, en la Iglesia hay un fuerte deseo de un papado breve",
comentó un religioso destinado en el Vaticano.
Oficialmente, los cardenales confían en la inspiración del Espíritu Santo para elegir al Sumo Pontífice. En realidad, la inspiración divina cuenta con importantes mediums en la Tierra. Las iglesias de EE UU y Alemania, las dos mayores contribuyentes a las arcas de la Santa Sede, tienen un peso sustancial en el entramado del cónclave.
Muchos de los cardenales electores sólo hacen
bulto en esta excepcional ocasión. Pasarán
días encerrados en sus dependencias, yendo y viniendo
de la Capilla Sixtina a la Casa Santa Marta, y votarán
por quien tengan que votar. Al final, alguno escuchará el
nombre del elegido con el mismo estupor que un cardenal
que al término del cónclave que coronó a
Karol Wojtyla preguntaba estupefacto: "¿Pero
quién es este Botiglia?". |