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El mensajero en la Tierra
Récord: Juan Pablo
II ha conocido en viaje oficial más de 120 países,
muchos de ellos en varias ocasiones. En enero de 1995, dirigió
una ceremonia religiosa en Manila que reunió a cuatro millones
de fieles, la mayor multitud que ha congregado a lo largo de su
pontificado.
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| Texto:
R. P. | Fotografía: REUTERS |
El pontificado de Juan Pablo II se podrá recordar por la ideología conservadora con la que trató de imbuir al catolicismo, o, por el contrario, por su defensa del reparto de la riqueza en el mundo y la crítica del consumismo desmesurado del sistema capitalista. Quizás será evocado porque su papado ha sido uno de los más largos de la historia, o por el atentado que casi acaba con su vida y que dejó maltrecha su salud, prematuramente envejecida.
Pero en la memoria popular no hay duda de que su imagen permanecerá asociada con un apelativo que ya hizo fortuna hace tiempo, la de 'Papa viajero'. Con mucha mayor razón si se tiene en cuenta que sus antecesores no pusieron prácticamente un pie fuera del Vaticano.
La labor pastoral sobre el terreno
Karol Wojtyla lo dejó claro desde el principio. La
labor pastoral de la confesión católica obligaba
a predicar sobre el terreno, y para que el mensaje calase, éste
debía ir acompañado del mensajero a todas partes.
En los tres primeros años desde su elección, en
1978, había visitado ya cuatro continentes. Al final de
su papado, Juan Pablo II había conocido en viaje oficial
más de 120 países, muchos de ellos en varias ocasiones.
En total, 95 viajes; una media de más de cuatro por año
desde que accedió al pontificado.
Aquel ánimo viajero le procuró -desde luego sin
pretenderlo expresamente- alcanzar una serie de hitos en la historia
de la confesión católica. Así, fue el primer
papa en pisar el Polo Norte; el primero en sobrevolar primero,
y pisar después, suelo soviético; pionero a la hora
de rezar en una mezquita, años después de visitar
un país musulmán -ninguno lo había hecho
antes-. Por innovar, hasta ha llegado a ser el único jerarca
del catolicismo que ha traspasado la barrera del sonido, durante
un vuelo a bordo del Concorde.
Viajes históricos
Algunos de los desplazamientos de Juan Pablo II han adquirido una importancia histórica. Uno de los primeros, recién llegado prácticamente al Vaticano, lo hizo a su tierra natal, Polonia -con el tiempo la visitará en numerosas ocasiones-. Allí se interpretó como un apoyo al proceso de apertura democrática que entonces representaba el sindicato Solidaridad, encabezado por Lech Walesa, frente a la dictadura comunista imperante.
1982, pasado un año desde el atentado frustrado que intentó acabar con su vida, demostró la capacidad de recuperación y de aguante de Karol Wojtyla. En ocho meses, siete visitas pastorales que incluyeron nueve países. Entre ellas, aparte de la que realizó a España con ocasión del cuarto centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús, destaca la que le llevó a Argentina para mediar en el conflicto bélico entre este país y Reino Unido para dirimir la soberanía de las islas Malvinas.
De gran carácter simbólico se puede considerar su viaje a Santo Domingo en 1992, con ocasión del quinto centenario del inicio de la evangelización en América, uno de sus destinos preferidos y más frecuentados. Como lo ha sido también el continente africano, territorio que por el carácter sincrético de sus religiones -animistas, cristianos y musulmanes conviven en porcentajes parecidos en muchos de aquellos países- ha obligado a cuidar con especial mimo la labor pastoral hacia sus habitantes.
Pero, si de simbolismos se trata, los desplazamientos de los últimos años de Juan Pablo II son los más significativos. En 2001, por ejemplo, limó asperezas con la Iglesia Ortodoxa en Grecia. Un año antes, realizó una gira por Oriente Próximo que incluyó Israel, Palestina, Jordania y Egipto. El Papa recorrió los Santos Lugares y los más significativos emplazamientos de la historia del cristianismo, el judaísmo y el islamismo.
En enero de 1995, Juan Pablo II dirigió una ceremonia religiosa
en Manila que reunió a cuatro millones de fieles, la mayor
multitud que ha congregado a lo largo de su pontificado.
Viajes polémicos
La polémica ha rodeado, en ocasiones, algunas visitas del
Papa. Su aparición en público junto al dictador
Augusto Pinochet durante la visita oficial que realizó
a Chile en 1987 le granjearon multitud de críticas entre
un amplio sector de la opinión pública.
No menos conflictiva fue la que emprendió a la Cuba castrista. La química entre ambos parece, sin embargo, que funcionó durante su estancia, y sus mensajes en contra del consumismo desmesurado del capitalismo causaron cierto asombro y malestar entre algunos Gobiernos occidentales, especialmente en Estados Unidos.
El 'papamóvil'
Si a Juan Pablo II se le recordará como el 'Papa viajero', de sus viajes quedará sobre todo la imagen del 'papamóvil' recorriendo las atestadas calles de las ciudades que visitaba. Aquel peculiar vehículo -un pequeño coche descapotable cuya cabina de pasajeros se sustituyó por una burbuja transparente de cristal blindado- fue diseñado para garantizar su integridad física tras el atentado de 1981 que casi acabó con su vida al poco de comenzar su pontificado.
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