A VIVIR QUE SON DOS DÍAS
El olfato es el primer sentido que desarrollamos al nacer, por el que distinguimos a nuestra madre de cualquier otra persona. Y con el tiempo refuerza y potencia nuestra memoria. El olor de las gomas de Milan rápidamente nos transporta a la infancia y al colegio. El de la comida de la abuela, de la colonia del baño, de tu primer novio...
Nosotros mismos tenemos un aroma peculiar que nos diferencia de los demás. Aunque continuamente tratemos de enmascararlo con perfumes, ambientadores o desodorantes.
Y ahora son también las empresas las que apuestan por un olor corporativo que les diferencie tanto como un logotipo o un eslogan.
Según el presidente de A de Aroma, Juan Miguel Antoñanza: "Los aromas están cargados de metáforas y simbolismos que pueden ser determinantes de comportamientos humanos". Por eso cada vez es más común encontrar olores de "fuego en chimenea", "olas del mar" o "hierba recién cortada". Un olor de lavanda, que evoque al campo y el buen tiempo, en una tienda de ropa puede inducir a comprar ropa de verano en pleno mes de enero.
Pero en este mundo, en el que los olores cada vez están más de moda y el olfato reclama su importancia entre los sentidos, nos encontramos con la anosmia. Un 2% de la población sufre esta ausencia total de olfato, bien de forma congénita o por un golpe en la cabeza, una gripe fuerte...
Marta Tafalla es profesora de filosofía en la UAB, autora del libro Nunca sabrás a qué huele Bagdag. Es "anósmica" desde que nació. Para ella el mundo carece de dimensión olfativa. Jamás sabrá a qué huele una rosa, una naranja y tampoco una cloaca o el sudor. Y, por la relación entre ambos, también ve afectado su sentido del gusto. Los sabores para Marta son cuestión de textura y de sensaciones. Le gustan los alimentos muy dulces. Picantes, salados. Pero jamás disfrutaría de una cena en El Bulli, por mucho que se esmerase Ferrán Adriá.
En A Vivir que son dos días hemos intentado que un experto en aromas le haga entender a Marta cómo es un olor. El de la radio, cálido y fresco como la madera y los cítricos.
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Para que huelan bien solo tienen que apuntarse a la experiencia del Marketing Olaftivo y Ambifresh os da las herramientas!!!
No he estado nunca en una radio, pero me huele que debe oler a skay y a algún ambientador y a micrófonos achicharrados. La electricidad huele, es raro, pero es así. Yo evito las molestias de la higiene con un desodorante fuerte: Abrotano Macho y Perla de las Antillas son muy buenos.
Algunas emisoras huelen a rancio y otras a caca. Alguna se salva, pero casi siempre se les ve el plumero.
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