El madrileño López Simón ha sido el protagonista de la tarde de toros de este jueves de farolillos en la Maestranza, y es que en el toro de su alternativa ha cortado una oreja de enorme peso y ha resultado herido en el muslo derecho al entrar a matar. Por lo demás ha sido un festejo marcado por el escaso juego de los toros de Cuvillo, en el que Morante y Manzanares salieron de la plaza un tanto decepcionados.
Se han lidiado toros de Núñez del Cuvillo, el primero sobrero de la misma ganadería, bien presentados y de escaso juego a excepción del que abrió plaza, ovacionado en el arrastre.
López Simón, de blanco y oro: Estocada (una oreja en el único que mató).
Morante de la Puebla, de habano y oro: Media (silencio). Estocada atravesada (silencio). Pinchazo y estocada (silencio).
José María Manzanares, de azul marino y oro: Pinchazo y estocada corta (silencio). Pinchazo y estocada baja (saludos).
Volvió a brillar la cuadrilla de Manzanares al completo, picadores y banderilleros.
La plaza registró un lleno de no hay billetes en tarde encapotada con rachas de viento que molestaron a los toreros.
La tarde fue del toricantano López Simón porque para él fue el único toro potable del encierro de Núñez del Cuvillo. Y eso que al primer toro titular lo devolvieron a corrales por manifiesta falta de fuerza, queriendo el destino que este joven madrileño se doctorara en tauromaquia con el sobrero, número 154, de nombre Juncoso y de 530 kilos de peso. Ese mismo destino le deparó encontrarse con un buen toro al que comenzó muleteando en los medios con pases cambiados por la espalda y una serie de rodillas por el pitón derecho. Su labor mantuvo el interés y la rubricó con una estocada de la que salió prendido por el muslo derecho, sufriendo una cornada de siete centímetros en el tercio medio, de pronóstico leve.
Quedó la tarde en un mano a mano entre Morante y Manzanares, duelo marcado por el escaso juego de los toros de Cuvillo. En el haber de Morante, destacar tan sólo un apretado quite por chicuelinas en el sexto, bien resuelto con dos medias de antología que hicieron las veces de quite del perdón. Y en el de Manzanares, la intensa y vibrante faena al quinto, un toro que embistió con carbón por el pitón derecho y al que, de no pincharlo, el alicantino le hubiera cortado una oreja.