Cuando la periodista Soledad Gallego Díaz escucha "La flauta mágica" empieza a tararearla sin querer. Primero tímidamente; después, más segura de que la ocasión lo merece. Así terminará su entrevista en "¿Cómo explicamos esto?" con Juan Cruz. La música de Mozart le recuerda su temporada en Bruselas. Fue en esa ciudad donde escuchó ese disco sometida a unos cascos para no molestar a los vecinos. Ahora Bruselas no es sólo música y recuerdos de corresponsalía: es el centro de un proyecto que se tambalea.
"Se ha jugado con fuego y ahora nos quemamos los ciudadanos"
Gallego Díaz está convencida de que la Unión Europea fracasará si no se hace lo necesario para defenderla. En EL PAÍS participó en la redacción de una guía para no perderse en los asuntos europeos, pero ya entonces se veían las orejas al lobo: "Cuando haya una crisis del euro habrá países que sufrirán espantosamente, porque la única manera que tendrán de hacer frente a la crisis será despedir. La única manera de devaluar será despedir, para bajar los salarios . No es que fuéramos unos genios. Lo sabía todo el mundo". Lo vieron periodistas como ella, pero las imprudencias de la política las pagan hoy los ciudadanos.
"La democracia está muy perjudicada"
Las últimas columnas de Soledad Gallego Díaz se centran en la maniobra de ocultación del poder. Es su gran preocupación no sólo profesional, sino también personal. Sostiene que los ciudadanos tienen "derecho a saber las cosas", debido a que " hoy los poderes tienen una capacidad inmensa de mistificar, engañar, confundir en todos los extremos ". Incluso tiene una teoría, que toma prestada de Chomsky, sobre cómo engaña el poder: " se hace poco a poco y por eso las democracias fallan, porque el poderío del engaño es muy grande".
Si la democracia tropieza, las instituciones pierden credibilidad. Un ejemplo, la polémica de Carlos Dívar: "con una serie de simples mecanismos de transparencia se evitarían la mitad de los bochornos que provocan las instituciones". El comportamiento poco ejemplar del que fuera presidente del Supremo y del Consejo General del Poder Judicial ya es historia. Por eso, prefiere mirar al futuro: "mientras no se establezcan mecanismos, volverá a pasar. Yo no quiero un presidente honrado, yo quiero un mecanismo para detectar al que no es honrado ".
Soledad Gallego Díaz sigue denunciando desde las páginas de EL PAÍS todo aquello que le disgusta de nuestra democracia. Los lectores devoran sus columnas y sus compañeros la respetan, aunque se sonroja cuando la definen como la "autoridad moral del periódico".
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La CAM, el Banco de Valencia, todo lo de Valencia, huele a podrido es una comunidad indigna y chapucera sus politicos son los mas ladrones los mas mentirosos y los mas sinverguenzas de la tierra.
La guillotina, la guillotina . Hay que afilar la guillotina.
Pero Sra. Ud. cree que en España hemos disfrutado de una democracia real y total. Yo creo que nunca se ha disfrutado de una democracia plena al estilo los países de nuestro entorno. La judicatura en su cúpula es un nido de fascistas, en los poderes del estado se reparten dinero e influencias a manos llenas, desmantelando el estado del bienestar, que tanto nos ha costado construir, la banca roba al ciudadano con total impunidad, la justicia no es igual para todos y el reino del hampa se adueña cada vez mas del país, amnistías fiscales para ricos defraudadores, y una reforma laboral que nos lleva 40 años atrás. Esto es así. El ciudadano va a reventar más pronto que tarde.
Vamos a ver, si un director de la CAM, se sacaba más de la mitad de su sueldo en comisiones, vendiendo preferentes y aprobando operaciones hipotecarias con sus bonus famosos. Que quieren ahora. El daño viene de ahí. Una desregulación total del mundo de las financias más oscuras. Primero fue la gallina señores. Los clientes de esas cajas ahora son los perjudicados. Las entidades están saqueadas por los políticos de turno y sus amigotes. España es un fraude monumental.
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Juan Cruz entrevista a la periodista de 'El País', Soledad Gallego Díaz