Enfundado en un mono azul, guantes de látex, con máscara antitóxicos y rodeado de mangueras para disparar la pintura con una pistola Airless, el artista de Felanitx acaba de terminar una obra desmesurada: La cúpula de la sala de los Derechos Humanos, el broche de oro del Palacio de las Naciones Unidas de Ginebra