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TENIS | OPEN DE AUSTRALIA

Ferrer se aprovecha de la piedad de Almagro

David Ferrer remonta dos sets (4-6/4-6/7-5/7-6 y 6-2) a Nico Almagro, que sacó tres veces para cerrar el partido, y jugará por segunda vez las semifinales del Open de Australia

JUAN LÓPEZ   22-01-2013 - 08:52 CET

El tenis es tan caprichoso como cruel. Hace escasos dos meses, en un domingo de Praga, David Ferrer ganó a Berdych y dio la opción a Nicolás Almagro de lograr la gran victoria que le faltaba. Habiéndosele negado aquella, esta madrugada, en Melbourne, el mismo Ferrer le privó de ella de la forma terrible posible.

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Almagro felicita a Ferrar

El duelo español de los cuartos de final del Abierto de Australia entre Nicolás Almagro y David Ferrer termina del lado del cuarto favorito- (REUTERS)

Almagro, sereno y confiado durante todo el torneo, con nervios de acero desde la primera ronda donde fue exigido hasta el quinto set, saltó a la pista como un ciclón. Espoleado por un revés natural y frenético, el murciano acoquinó a Ferrer desde la segunda bola, tirando profundo y plano.

El primer set fue un espectáculo de plasticidad por parte de Nico y carreras de Ferrer. Su cinta se difuminaba persiguiendo la pelota. David le ponía ganas e intensidad, pero su pelota no pesaba lo suficiente, Almagro siempre disponía del tiempo y el espacio necesario para atacar. Habían jugado hasta ahora en 12 ocasiones, y nunca, pese a disponer en ocasiones de bola de partido, consiguió ganar al de Jávea.

El partido discurría peleado pero rápido. Almagro se apuntó el primer parcial 6-4 y rápido volvió a mandar a su rival un par de metros lejos de la línea de fondo, donde el tenis es más incómodo. Ferrer bramaba, gritaba entre dientes, no veía por donde atacar a su amigo. El nivel de comodidad de Nico era tal, que convirtió las cinco primeras opciones de break de las que dispuso. Era un vendaval.

Héroes y villanos

Algo sin embargo hizo clic en el partido y transformó la dictadura de Almagro en un régimen imprevisible, loco. Dos sets arriba y con 5-4 en el tercer set y saque, dejó pasar la ocasión de cerrar el partido cuando dos puntos le separaban de las semifinales. Ferrer, sediento, recibió el regalo con ansia de supervivencia y se reenganchó al partido.

El discípulo de Javier Piles nunca pareció cómodo en la pista, se mantenía por fe e instinto, sabedor de que el tiempo corría a su favor y en contra de la maltrecha moral de su rival. El partido se convirtió por momentos en un intercambio irrefrenable de roturas de saque. Poco precisos al servicio, ambos abusaban del segundo saque del rival con vicio.

Ahí llegó la fase decisiva del partido. Una fotocopia del set anterior, otra vez con 5-4 y saque, otra vez Almagro dejaba vivo a Ferrer, que entre masoca y heroico volvió a ceder su saque en la siguiente oportunidad. Y una nueva vez, la tercera, como San Pedro, esta vez con 6-5, Almagro volvió a negarse a sí mismo las semifinales. En el desempate Ferrer soltó el látigo que tiene en su derecha y equilibró el partido.

El desenlace no resultó tan traumático como pudo ser. El culpable, un mal gesto de Nico en la red, que le originó un fuerte dolor en la ingle. Así Almagro pasó de vendaval a orvallo y de héroe a villano. Ferrer, estoico y hambriento, logró así una victoria redonda, la número 500 en el circuito, y sobre todo no desaprovechó la opción y jugará sus quintas semifinales de Grand Slam.

David Ferrer ejecuta una remontada épica ante Nicolás Almagro para volver a semifinales.

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