CICLISMO | GIRO DE ITALIA
Ataque de conservadurismo en el pelotón. Por primera vez en toda la carrera, Hesjedal se vio obligado a ejercer de máximo favorito y tardó en darse cuenta de que un belga descarado, Thomas De Gendt, había atacado en el tramo final del Mortirolo para amenazar una victoria que muchos dan por segura
El ciclista canadiense del equipo Garmin-Barracuda, Ryder Hesjedal, seguido del italiano Michele Scarponi, del equipo Lampre, y el español Joaquín Rodríguez (Katusha), durante el ascenso en el paso de Mortirolo en la etapa número 20 del Giro de Italia- (EFE)
La nieve, la altitud, el frío y el esfuerzo de más de cuarenta kilómetros de aventura golpearon inesperadamente a De Gendt en los últimos mil metros. Las piernas pesaban tanto como la historia que atesora el Passo dello Stelvio, que aceptó el cortejo del corredor más valiente del día. Un belga de veinticinco años con el espíritu del equipo Vacans'oleil marcado a fuego en su ADN de ciclista: atacar, atacar y atacar. Por eso, rechazó ejercer de gregario de Tom Boonen o Philippe Gilbert para buscarse su propia suerte en la escuadra holandesa.
Por detrás, Purito Rodríguez midió sus fuerzas al extremo y atacó cerca del último kilómetro. Se había quedado solo con Hesjedal tras una aceleración de Scarponi. Con brillantez y rabia superó al canadiense y al italiano y llegó a la meta con tres minutos y veintidós segundos. Fresco, pero con la sensación de haber podido arañar más tiempo al espigado ciclista del Garmin-Barracuda, para el que los treinta y dos segundos de distancia en la general son una renta teóricamente fácil de remontar.
Rodríguez ha sido fiel a su estrategia durante todo el Giro. Su equipo le llevó en volandas en la contrarreloj por equipos y desde entonces ha vivido aupado en la élite del pelotón. Calculador en todo momento, con un imponente rictus de concentración, en montaña no ha ofrecido exhibiciones kilométricas y ha medido con tiento las distancias para aprovecharse del trabajo de otros en beneficio propio. Mañana saldrá vestido de rosa por las calles de Milán, pero durante algunos kilómetros su liderato se ha visto seriamente amenazado.
Sorprendió ver a De Gendt comandar el pelotón en la segunda mitad del ascenso al Mortirolo, que debía haber sido el primer escenario de la batalla cruenta entre Joaquim Rodríguez, Ryder Hesjedal, Michele Scarponi e Ivan Basso por el liderato. Solo un doble y tímido intento del catalán animó el paso del pelotón por la nueva vertiente del coloso italiano, cuya trascendencia solo se dejó notar a largo plazo. De Gendt atacaba cerca de la cima y en el descenso neutralizaba la escapa, plagada de compañeros de los líderes y también de otro Vacans'oleil, Matteo Carrara, que se martirizó por su compañero.
El pelotón se tomó las cosas con calma por el estrecho descenso del Mortirolo. Tanto que Damiano Cunego, segundo en el día de hoy, pasó de estar descolgado a la cabeza de carrera en apenas veinticinco kilómetros. Mikel Nieve saltó del relajado pelotón e inteligentemente alcanzó la cabeza de carrera. El vasco, el italiano y el belga descolgaron a Zaugg, que pagó el esfuerzo de su exhibición en el Mortirolo y perdió toda opción a la victoria. El suizo ha sido de lo poco salvable del equipo RadioShack, sacudido por el polémico de Frank Schleck a mitad del Giro.
Hesjedal, tras haber superado con nota el Mortirolo, soñaba ya con el confeti rosa y el himno canadiense en Milán. Todo idílico hasta que aparecieron los nervios: De Gendt amenazaba la segunda posición y la maglia rosa corría peligro. Hoy no estaba la Liquigas de Ivan Basso para barrer el terreno previo a la montaña y el canadiense se agarró a sus dos mejores gregarios, Stetina y Vande Velde, para mantener la diferencia -que llegó a alcanzar los cinco minutos- y luego responder en primera persona. Mañana, ninguno tendrá margen de error. El tiempo y treinta kilómetros dictarán sentencia.
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