Crónica: CICLISMO | TOUR DE FRANCIA | ARRANCA LA ÚLTIMA SEMANA
Si Chris Froome no rompe la disciplina de equipo, Wiggins afrontará las rampas de los puertos más legendarios del Tour de Francia con una responsabilidad inigualable: aguantar el liderato. Los rivales de la dupla del equipo Sky -Nibali, Evans o Van den Broeck- se juegan un cajón en el podio y, dependiendo de sus fuerzas y su ambición, amenazar el camino a la primera victoria de un inglés en París
El corredor británico Bradley Wiggins del Sky, durante la contrarreloj de Besançon- (REUTERS)
Segundo día de descanso en el Tour de Francia. Quien más, quien menos habrá estirado el tiempo de descanso para coger energías, luego el desayuno, un par de horas sobre la bicicleta y después un descanso para leer L'Équipe, recibir los cuidados de los masajistas o animarse con los mensajes de los aficionados. Alejandro Valverde, lejos de los mejores este año, es el ciclista que más cartas y mensajes electrónicos ha recibido hasta el momento. Thomas Voeckler, que desprende carisma y odio a partes iguales, es el francés más popular entre los fans.
París está a cinco días y en el pelotón se juegan muchas batallas. Con Peter Sagan a años luz del resto en la lucha por la regularidad, el maillot de puntos y el honor de ser el mejor joven de la carrera pueden cambiar de dueño en segundos. Todas ellas luchas secundarias cuando aparece la prenda sagrada, el maillot amarillo. De los 156 valientes que acabaron la etapa del lunes, Bradley Wiggins es el hombre que más puede perder. De sus piernas, de las fuerzas de sus rivales y del trabajo de su equipo dependerá que el británico defienda con éxito el liderato del Tour bajo el sol de los Pirineos.
Mientras la mujer de Wiggins y la novia de Chris Froome han intercambiado pareceres en Twitter, el ciclista británico nacido en Kenia afronta dos días claves en su carrera y quizá en su futuro deportivo. Al tiempo que lanza indirectas sobre un hipotético apoyo del Sky si la próxima edición del Tour es más montañosa, se sabe más fuerte que su jefe de filas en la montaña. Es el 'capo' encubierto de la carrera. Las rampas del Aubisque, del Tourmalet o del Port de Balès encierran el sueño de todo ciclista: ganar el Tour. Vestirse de amarillo en los Campos Elíseos es un hueso difícil de rechazar, incluso para el perro más leal.
Ullrich acabó con Riis en el noventa y siete, Greg LeMond hizo lo propio con Bernard Hinault -previo acuerdo tácito- en el ochenta y seis. Froome depende de su ego y de la radio del equipo Sky. A Wiggins no se le dan bien las terceras semanas de una gran vuelta y, a pesar de encontrarse pletórico, es humano y podría ceder ante Evans, Nibali o Van den Broeck. ¿Qué haría entonces el segundo clasificado? ¿Qué le ordenaría su director Sean Yates?
En Pau, BMC y Sky comparten hotel. Por el contrario, el Liquigas ocupa junto al Cofidis la residencia más alejada de la capital de los Pirineos Atlánticos. Después de París, Pau es la ciudad que más veces ha visitado el Tour de Francia en el siglo XXI. Solo ha fallado en 2009 y 2004. Allí comenzó hace dos años el capítulo más negro en la carrera de Alberto Contador y de sus calles tranquilas saldrá la etapa reina de los Pirineos, calcada pero en sentido opuesto a la que en 2010 estuvo a punto de darle la gloria a Carlos Barredo. Aubisque de primer plato para dar paso al Tourmalet, el Col d'Aspin y el Col de Peyresourde antes de llegar en una vertiginosa bajada a Bagnères-de-Luchon.
El jueves será la última oportunidad de hacer vulnerable a Wiggins. Para el inglés, los 53,5 kilómetros de la contrarreloj del sábado, por carreteras desarboladas, perfectas para la potencia de un 'pistard', y con la amenaza de la lluvia, son la mejor garantía de éxito. Por ello, el encadenado final del amenazante Port de Balès y el Peyresourde, que repite, con final en Peyragudes, es la última amenaza para el sueño británico. En el caso del español Haimar Zubeldia, los Pirineos constituyen la prueba de fuego para intentar mantener su sexta plaza o aspirar a un hueco entre los cinco mejores.
Según el año y el rumbo de la caravana del Tour, Pau es sinónimo del inicio o del fin de la fiesta ciclista en los Pirineos. Y, por ende, del llamado a las hordas de aficionados con camisetas naranjas e Ikurriñas. Si Alpe-d'Huez es la cima de los holandeses, las rampas del sur de Francia no son 'oranje', sino vasco Euskaltel. Una invasión en tropel que jalea sin descanso a sus ciclistas. Movistar y Euskaltel se han reconvertido en este Tour tras las caídas de sus líderes; la guerra de guerrillas de las fugas es el único recurso por el que puede llegar la ansiada victoria.