"El fútbol se ha transformado en un negocio. Los clubes administran el dinero y saben cómo generar beneficios. Si se pagan 94 millones por un jugador, será porque lo vale, pero está claro que es imposible que un solo jugador gane un campeonato. Yo trabajo con niños a los que intentamos inculcarles valores sociales. Ellos necesitan espejos en los que mirarse, pero hay que explicarles que no por ser futbolistas van a tener el coche más rápido del mundo o que van a estar con la modelo más linda. No podemos meter a todos los jugadores en el mismo saco. El fútbol es más que fiestas y dinero, es pasión, amor por tu profesión y eso intentamos inculcarles a los niños".