Crónica
Miles de personas deseaban desde hace tiempo que llegara este puente para poder salir de la ciudad y darse un respiro. Muchos no volverán a tener vacaciones hasta dentro de un tiempo. Otros, estaban simplemente de paso pero con ganas de llegar a casa. Ninguno entendía lo que estaba pasando este viernes en el aeropuerto de Barajas.
Indignación. Esa sería la palabra que definiría el ambiente que se vivía esta noche en Barajas. Indignación porque ellos no tienen la culpa. Indignación porque ellos han estado mucho tiempo ahorrando para poder irse de viaje. Indignación porque les daban informaciones contradictorias e indignación porque no entienden esta huelga.
Paco estaba ya subido en el avión cuando le han hecho bajar. Fernando viajaba a Buenos Aires para reunirse con su familia. Blanca no conoce París y su hija, aprovechando que tenía estos días libres, le iba a llevar. Paula tiene 7 años y era la primera vez que iba a viajar en avión. Un grupo de 16 personas tenía un tour programado por Argentina y van a perder el dinero de todo el viaje. Es más, parte del grupo tuvo suerte y salió un día antes. Un chico sirio explica como tiene que volar porque le tienen que operar de la cara, mientras, un señor mayor alemán intenta llamar en una cabina a su país, pero algo falla. No logra hablar. Las colas y los gritos van en aumento a medida que pasa el tiempo y las soluciones cada vez son menos.
Entonces es cuando llega la resignación: "Tendremos que pasar aquí la noche", "nos hemos apuntado a una lista de espera", "voy a perder todo el dinero del viaje"... mientras van buscando un lugar del aeropuerto para dormir o, los de mejor ánimo, tomar una copa para "ahogar las penas". Sí, la resignación llega pero la indignación no desaparece.
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Se ha podido comprobar estos días con el colectivo de trabajadores que controlan el espacio aereo, que el vivir en el privilegio no hace ni da la felicidad, el individuo que sobrevive en este estado de bienestar no es feliz, cuando se consigue un estatus de tal maginitud lo complicado es poder mantenerlo, ellos que son los que patrocinaban todos los beneficios de un trabajo bien pagado, muy considerado, eran el nucleo central de la eficacia, han hecho todo lo posible para romperlo, sucede en una familia feliz que la comodidad es tal para todos sus miembros, que hasta que no rompen con la rutina del bien vivir no paran y aprovechan todos sus resortes para que salte por lo aires todo los conseguido, bien por la razón que les parece poco, o bien que lo quieren blindar mucho más por el peligro de perder todo lo conseguido, al comprobar que no todo es lícito y que se han propuesto sacar rendimientos extraordinarios a cosas o trabajos que no eran tanto, así se hacen comparaciones y siempre se ve lo absurdo del privilegio y es la duda que siempre tiene el privilegiado.
Por unas horas los controladores han dejado de ser profesionales, palabra noble que hace al trabajador digno y responsable de una disciplina de vocación de trabajo responsable y bien hecho, para todos los usuarios o consumidores del producto elaborado con las manos y con la inteligencia de sus conocimientos, que son todos los buenos principios que han dejado de hacer y han entrado en el mundo chusco de la chapuza y la mentira, incluso han podido entrar en el mundo de la conspiración política, que han arrastrado a muchos ciudadanos a la desesperación y el abandono premeditado, y sacar pecho de lata de un falso descontento por privilegios perdidos, que la condicción humana siempre tiene en su colectivo universal cuando las circustancias le son propicias.
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