En 1999 el presidente Carlos Menem, ofició una de las bodas menos deseadas en Argentina. Los familiares de la novia, a pesar de no fiarse de las intenciones del novio, aceptaron a regañadientes el enlace seducidos por sus promesas. Trece años después, el matrimonio ha llegado a su fin. La madre de la novia ha dicha basta y reclama la dote entregada.
En 1999 el Estado argentino adjudicó a Repsol el 14,99% de YPF, y la compañía española se convirtió en su primer accionista. Tres meses después Repsol lanzó una OPA por el resto de capital de YPF, que culminó en junio de 1999 tras la compra del 83,24% de la petrolera argentina.
La entrada en Argentina supuso para Repsol, ahora convertida en Repsol-YPF, el desembarco en el mercado Iberoamericano. Gracias al enlace, Repsol se convirtió en la octava productora de petróleo del mundo. Un pastel demasiado grande como para dejarlo escapar. Sin embargo los problemas con las autoridades argentinas no dejarían de aumentar.
Con la presidencia de Néstor Kirchner comenzó el tira y afloja entre Repsol y el Gobierno argentino, una larga disputa, con amenazas de expropiación incluidas, que terminó con la entrada de un nuevo socio argentino en Repsol-YPF. Se trataba de un banquero y empresario amigo personal de Kirchner: Enrique Eskenazi, que se hizo con el 25% de capital de YPF.
Sin embargo, la entrada del nuevo socio no calmó las aguas. Desde el Gobierno acusaron a Repsol de incumplir con las inversiones prometidas. Y señalaron directamente con el dedo a la firma española de ser la culpable de que Argentina pasara de ser una potencia exportadora de petróleo a tener que importar para poder abastecer el mercado interno. Las exigencias para que Repsol reinvirtiera sus ganancias en el país para aumentar la producción y así poder reducir las importaciones se pusieron a la orden del día.
Ahora, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, viuda de Néstor Kirchner, da por terminado el camino emprendido por su marido años atrás. Después de varias semanas de dimes y diretes sonaron todas las alarmas en España. Los gobiernos de las provincias petroleras retiraron una a una las licencias de varios yacimientos a Repsol -con el argumento de que necesitaban nuevas inversiones para su puesta en marcha o de que los yacimientos estaban en vías de agotarse-. El peor de los escenarios parecía hacerse realidad.
En Argentina, donde la boda entre Repsol e YPF siempre se consideró uno de los grandes errores de la política neoliberal del presidente Menem, nunca dejaron de llamar a la novia con su nombre de soltera: Yacimientos Petrolíferos Fiscales. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner sabe que su decisión cuenta con el respaldo de la mayor parte de la población
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A la mayoría de los españoles nos importa muy poco la nacionalización de Repsol, el problema es que desde Argentina siempre se afrontan todos los temas como una guerra de bravucones, en este momento contra España pero otras veces es con Brasil o con Chile... No se puede ir por el mundo pisándole el pié a los vecinos y luego esperar una sonrisa. La actitud del gobierno argentino es de "gamberrismo político" muy equivocada y por eso los españoles saltamos a replicar. Porque entendemos que es una actitud caprichosa de un gobierno que busca echar mierda sobre España para tapar sus propias vergüenzas... Por supuesto, nada que ver con el pueblo al que consideramos como primos hermanos nuestros...
soy española y escribo desde España, pero me gusta intentar ver las cosas con objetividad, y creo que Repsol tiene las de perder, se cegó por el dinero fácil, pero con él que hizo el negocio, no era de fiar según quedo demostrado así que espera.
Pobre Señora, está fatal... Que siga vistiendo de Chanel mientras su pueblo se muere de hambre. Al igual que "nuestro Rey", que siga cazando por 90.000 e mientras su pueblo también se muere de hambre. Había que meterlos a todos en la cárcel y no habría ni sitio.
Los negociados no son eternos, y este duró más de lo esperado. Por eso al final termina en escándalo. Que nadie se haga el distraído ni sorprendido y menos ofendido.
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