Los acusados se enfrentan a una condena de 18 años de cárcel por un supuesto delito de asesinato y otro de hurto.
El sacerdote, que tenía 65 años, aceptó darles cobijo en su casa, en la calle Jesús del Gran Poder, a cambio de mantener relaciones sexuales con uno de ellos. Pero las relaciones entre los procesados y la víctima se fueron deteriorando y una noche tras una discusión por razones sexuales, el cura les invitó a irse. Ellos, cree el fiscal, decidieron quitarle la vida y luego le robaron 120 euros, un ordenador portátil , una maquinilla de afeitar, una cámara de fotos y otros objetos.
El cadáver fue incinerado creyendo que había fallecido de un infarto, pero los acusados cometieron el error de confesarle los hechos a un amigo de Guadalajara que se lo contó todo a la policía.