El presidente del Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, parece habérselo pensado mejor y ha afirmado que la inmigración ilegal "no es un delito, pero sí un agravante" en el caso de que se cometa un delito. "Personalmente creo que no se puede perseguir a alguien por la permanencia irregular en nuestro país, condenándolo con una pena, pero esta puede ser un agravante si comete un delito", ha afirmado Berlusconi en un encuentro con la prensa tras reunirse hoy en Roma con el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.
Las palabras de Berlusconi han sido consideradas por la oposición italiana y los observadores políticos como una "marcha atrás" respecto a las medidas hasta ahora adoptadas contra la inmigración ilegal y que incluyen la introducción del delito de inmigración clandestina, que será debatido por el Parlamento y que ha sido duramente criticado por organismos internacionales y el Vaticano.
"Berlusconi con sus palabras de hoy cancela el delito de inmigración clandestina y nos da la razón", dijo el líder del Partido Demócrata (PD, en la oposición), Walter Veltroni. Michele Vietti, del opositor Unión de Centro (UDC) también expresó su "satisfacción" por el "sobreseimiento" del delito de inmigración ilegal.
Si la oposición está exultante, la gubernamental Liga Norte, el partido que más insistió para introducir ese delito en el código penal, expresó por boca del diputado Massimo Bitonci, su desaprobación, afirmando que el "único camino que se puede recorrer para luchar contra la inmigración ilegal es la introducción de ese delito".
El ministro para la Actuación del Programa del Gobierno, Roberto Calderoli, también de la Liga Norte, dijo que "nadie había pensado" en meter en la cárcel a los ilegales. "Cuando pensamos en el delito de clandestinidad nuestro objetivo no era meterlos en la cárcel, sino resolver el problema acelerando las expulsiones. Pensamos en esta medida para prevenir la llegada de otros ilegales. Es evidente que ninguno piensa en hacer que estallen las cárceles italianas (con más presos) o aumentar los costes de la justicia", afirmó Calderoli.
Tras las críticas de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Louise Arbour, sobre la introducción en el país del delito de inmigración ilegal, Berlusconi dijo que no se ha tratado de "una advertencia", sino de una declaración "desmentida sobre un juicio negativo de algo que no se ha producido". A este respecto, el primer ministro italiano dijo que el Parlamento italiano "es soberano y decidirá según conciencia y con buen sentido".
El Parlamento debatirá en fechas próximas el proyecto de ley aprobado por el Gobierno el pasado 21 de mayo, que incluye la reintroducción del delito de inmigración clandestina, que ya rigió durante la anterior etapa como primer ministro de Berlusconi y fue considerado en parte inconstitucional. El delito se concretará en penas que van de los seis meses a los cuatro años y el aumento de la misma un tercio cuando quien comete el delito es un clandestino.
Berlusconi con Zapatero
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, mantuvieron previamente un breve encuentro con el que ambos han pretendido dar por zanjada la crisis en las relaciones por los cruces de declaraciones respecto a las medidas contra la inmigración de Italia, si bien el jefe del Ejecutivo ha insistido nuevamente a continuación en la necesidad de coordinación europea en la materia y con los países de origen y ha advertido de que "una ley nacional" no basta para resolver el problema de la inmigración ilegal.
En una breve comparecencia ante la prensa tras la alrededor de media hora que permanecieron reunidos, ambos aseguraron que el encuentro había servido para demostrar la buena relación existente entre los dos países más allá de las declaraciones realizadas por algunos miembros de sus respectivos gobiernos. "Hemos aclarado que no hay nada entre nosotros, faltaría más", ha dicho Berlusconi, insistiendo en que" España e Italia son países amigos y también los presidentes".
Las cosas van bien
En la misma línea se ha pronunciado Zapatero, que ha calificado a Italia de "país hermano y amigo" y ha recalcado que la reunión, la primera desde que Berlusconi volvió al poder, "confirmó lo que fue el estilo y la práctica de la relación" cuando Berlusconi era primer ministro en su anterior mandato y él presidente del Gobierno. Además, ha añadido que también ha sido útil sentar "las bases sobre las que vamos a trabajar juntos en la UE" y ha citado como problemas a abordar conjuntamente la necesidad energética y la subida de los precios del petróleo, el fenómeno migratorio y la crisis alimentaria. "Las cosas van bien y la relación va a ser sin duda positiva".
Sin embargo, en la rueda de prensa posterior que ha ofrecido con motivo de su participación en la Conferencia de Alto Nivel sobre la Crisis Alimentaria Mundial organizada por la FAO, el presidente del Gobierno se ha mostrado más duro respecto a la posición italiana, si bien agradeció que Berlusconi le explicara en qué consisten las medidas adoptadas y le aclarara "algunas cosas que tienen una dimensión mucho más reducida de lo reflejado por la prensa".
Una ley no basta
En opinión de Zapatero, la mayoría de los problemas a los que se enfrenta la sociedad actual se abordarían "con más garantía" si se hiciera de forma coordinada europea, tanto el problema migratorio como el energético. A su juicio, "la respuesta a la inmigración ilegal, que hay que combatir, es la cooperación con los países de origen" para poder repatriar a todos aquellos que se encuentran en situación irregular en otros países.
"Ojalá bastara una ley nacional pero no es así", ha dicho en una clara referencia al proyecto de ley italiano que prevé convertir en delito la inmigración ilegal. En este sentido, el presidente del Gobierno ha recordado que desde su llegada al Gobierno él no ha modificado las leyes en materia de extranjería.
Zapatero asiste a la cumbre de la Agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO)