Carlos Saenz, un burgalés de 28 años y su compañero, Diego Salva, de 27, se encontraban en el interior de un todoterreno de la Guardia Civil cuando miembros de ETA hicieron explotar a distancia una bomba lapa adosada al coche. La Guardia Civil de Baleares ha confirmado que ambos agentes pertenecían a la patrulla de la oficina de denuncias en Palmanova, donde se produjo el atentado, y trabajaban en labores de mantenimiento.
Diego Salva se recuperó de un accidente para morir en manos de ETA. Hace sólo cuatro días se había reincorporado al cuartel militar de Palma de Mallorca, tras haber estado en coma varios meses por un accidente de motocicleta.
El jóven era uno de los mayores de una familia de nueve hermanos y aunque nació en Pamplona, desde hace un año se había instalado su residencia en la isla Balear.
La casualidad
El apellido Saenz parecía predestinado a la tragedia. Algunos familiares de Carlos también fueron heridos en el atentado de ayer a un cuartel de la Guardia Civil en Burgos. El joven recién había sido contratado hace tres días por el instituto armado, después de haberse trasladado a Palma de Mallorca a hacer sus prácticas.
Según sus familiares, que hablaron con Cadena Ser, Saenz soñaba con ser policía nacional desde que acabó la enseñanza secundaria. Después de fracasar en las pruebas, ingresó en el Ejército profesional, donde trabajó en el área de transmisiones.
Aún se desconocen los detalles sobre la identidad de Diego Salvas pero se sabe que hacía sus prácticas en Palma de Mallorca, de donde es originario. Se espera que un juez ordene el levantamiento de los cuerpos. Uno de ellos, se encontraba sobre un árbol, lo cual ha dado una idea de la potencia de la explosión, según reporta el diario El País.
De izquierda a derecha, Carlos Saenz y Diego Salva, los dos guardias civiles asesinados en Mallorca.