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Tras la huelga, la reflexión

PEPA BUENO   15-11-2012 - 08:12 CET

Terminó la novena huelga general de la democracia española y llega el momento de que todos -Gobierno, oposición, sindicatos...- reflexionen y saquen conclusiones. Anoche, las organizaciones que -mano a mano con los sindicatos- convocaron esta movilización, decían con énfasis que había sido una huelga más social que general. Probablemente.

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Las cifras de seguimiento de una huelga general que aportan sindicatos o Gobierno, el dato del consumo eléctrico, la mayor o menor fluidez del transporte público o el ruido de los piquetes o de la policía... son discutidos Y discutibles. Pero no nos dicen lo que hay bajo la piel de una huelga: lo que verdaderamente lo revela son las manifestaciones ciudadanas que culminan la jornada. Y las del 14-N en toda España, de Oviedo a Sevilla, de Barcelona a Madrid... fueron masivas. Masivas, sin ninguna duda.

Haría muy mal el Gobierno buscando alivio en que la participación durante el día en el paro no fue muy diferente a las convocatorias anteriores. Porque el miércoles una gran parte de españoles utilizó el cauce que le brindaban los sindicatos para expresar en la calle su enfado y su angustia ante un estado del bienestar que se empobrece a pasos agigantados, un panorama laboral y económico que provoca miedo e incertidumbre, y un futuro para sus hijos mucho más sombrío del que adivinaban apenas hace cinco años. Y una forma de hacer política, en España y en Europa alejada del consenso político y sin la participación de los agentes sociales. Una política que prima un concepto, la estabilidad, por encima de la vida real de millones de personas con rostro, nombre y apellidos.

No se puede reducir a cifras el miedo y la rabia de un país. Y no se puede jugar con los números de forma ridícula como se hizo en Madrid.

Decía el PP en el argumentario que repartió entre los suyos que una jornada de huelga general suponía pérdidas de hasta 4.000 millones de euros en producto interior bruto e incluso llegaban a utilizar el desacertado ejemplo -por calificarlo con suavidad- de que con eso se arreglarían el 80% de los desahucios. ¿En qué quedamos? O la huelga fue un éxito -y de ahí las pérdidas- o fue un fracaso como dicen en los aledaños del Gobierno, y entonces no hay pérdida ninguna.

El Gobierno debe escuchar el clamor de la calle y trabajar por preservar los derechos sociales que más nos duele perder y más desigualdad provocan cuando desparecen, y debe utilizar también el mensaje de una sociedad que se ahoga en austeridad para hacer ver a Bruselas, a Alemania, a los ortodoxos de la disciplina fiscal que estas políticas nos llevan a un callejón sin salida que solo va traer más dolor y desesperanza.

Y al PSOE, que decidió apoyar esta huelga de modo expreso, lo del 14-N debe hacerle ver más claramente que hay una amplia base social que reclama que deje de mirarse hacia dentro, hacia sus propios problemas... que le pide que se libre cuanto antes de culpas y remordimientos pasados, y que trabaje en dar una respuesta verdaderamente progresista a esta crisis que no cesa.

Pepa Bueno, durante la presentación de la nueva temporada de Cadena SER, en la que dirigirá - junto a Gemma Nierga - 'Hoy por Hoy'

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