Centenares de manifestantes marcharon este sábado por las calles de Madrid reclamando la proclamación de una III República en España coincidiendo con el 81 aniversario de la II República-
La amenaza de lluvia no impidió que centenares de manifestantes salieran a la calle para celebrar el 81 aniversario de la II República española y reclamar una tercera. Entre los presentes un pensamiento casi unánime: en el actual contexto de crisis económica un sistema que concede privilegios por razones de sangre no ayudará a que salgamos del atolladero. Era la opinión de muchos de los que marchaban, a ritmo pausado y entre los habituales cánticos republicanos, desde la madrileña plaza de Cibeles hasta la céntrica Puerta del Sol.
Banderas tricolor, rojas con la hoz y el martillo y negras, en honor a los anarquistas fallecidos anarquistas. También pancartas, reclamando una "democracia real" y pidiendo la caída de la monarquía constitucional "es un sistema anacrónico" aseguraba un manifestante, "está agotado" decía otra que reclamaba "más que nunca" una vuelta a los valores sociales que acompañaron la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931.
Entre algunos de los presentes algo de autocrítica y mucho convencimiento. La crítica porque durante muchos años los republicanos han perdido adeptos y simpatizantes y alguno reconoce que no han sabido llegar hasta la gran mayoría de la población. La certeza porque el hastío social por las desigualdades acerca la posibilidad de un estado republicano.
El 15-M, también presente
Entre los manifestantes, muchos jóvenes, pero no solamente. Algunos de ellos, bastantes, decían o bien pertenecer al 15-M o simpatizar con este movimiento que en apenas un mes estará de aniversario. Hoy ha querido sumarse a la celebración y la reivindicación porque dicen que la derogación de un sistema que mantiene como jefe de Estado por imposición está en sintonía con sus requerimientos.
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Una alegoría muy oportuna
VAYA EJEMPLO EL DEL REY... ESO SI Q ES DAR EJEMPLO A LOS ESPAÑOLES... III REPUBLIKA YA!!!!
Se le abrió la boca babeante. Una senilidad enorme parecía haberse adueñado de él. Cualquiera habría dicho que pasaba de los mil años de edad. Volví a disparar al mismo blanco. Con el segundo disparo no se desmoronó, sino que logró levantarse con desesperada lentitud y aguantó débilmente en pie, aunque con las patas combadas y la cabeza gacha. Disparé por tercera vez. Ése fue el tiro que acabó con él. Se pudo ver a las claras la agonía que le produjo y le sacudió todo el cuerpo y le arrancó de cuajo la fuerza que pudiera quedarle en las piernas. Al derrumbarse, aún pareció levantarse un momento, pues aun cuando las patas traseras se hundieron bajo su peso pareció descollar como una roca inmensa que cayera rodando, la trompa erguida hacia el cielo igual que un árbol. Barritó por primera y única vez. Y quedó abatido, el vientre vuelto hacia mí, con un estúpido estrépito que pareció estremecer incluso el suelo donde estaba yo tendido.» Matar a un elefante, George Orwell (1936)
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