El Infante se traslada desde el Palacio Nuevo de Madrid, donde vivía con su hermano Carlos III, hasta su nueva residencia. Allí disfruta de la caza y el arte que tanto le gusta. Es un gran mecenas que se rodea y protege a los artistas no solo de su tiempo sino también a los nuevos. Descubre a Francisco de Goya y le recomienda a la familia real.