A. GARCÍA Si por algo se caracteriza Andrés Iniesta es por ser capaz de hacer lo más grande y demostrar su humanidad y humildad al mismo tiempo. Prueba de ello fue el gol con el que convirtió a España en campeona del mundo. Fue en Johannesburgo, el 11 de julio de 2010. Iniesta recibió en balón de Cesc, que lo había recuperado tras un rechace en la frontal del área de Holanda. Lo controló con la derecha, el balón botó sobre el césped del Estadio Soccer City e Iniesta lo golpeó con un disparo seco que no pudo parar Maarten Stekelenburg.
"Es difícil escuchar el silencio, pero yo en ese momento lo escuché y sabía que ese balón iba dentro". Así relataba la acción el jugador en el programa 'Informe Robinson' de Canal+. Y cuando todo el mundo estaba pensando que España iba a ser campeona, él pensó en otra cosa. En un amigo. En Dani Jarque. Porque cuando el gol tan esperado se hizo realidad Iniesta se despojó de su camiseta para dejar que se viera otra con el lema 'Dani Jarque siempre con nosotros'. Fue su gran pero humilde homenaje a su amigo, jugador del Espanyol, fallecido un año antes.
Gestos como este o como el apoyo financiero que presta ahora al equipo que le vio nacer como futbolista, el Albacete Balompié, son los que hacen que Iniesta caiga bien a todo el mundo. Quizá porque los aficionados ven en él a ese niño que en 1996 demostró su calidad en el torneo alevín de Brunete en el que el de Fuentealbilla fue elegido mejor jugador.
A partir de ahí, gran parte del fútbol español se fijó en este pequeño jugador. Pero el que se lo llevó fue el F.C. Barcelona, que no tardó en convencer a su padre de que La Masía era el mejor lugar para que Iniesta creciera como futbolista. Y así fue. Con 12 años ya era uno más de la cantera del Barça, la que a la postre ha demostrado ser la más prolífica del fútbol mundial.
En ella desarrolló todas sus virtudes. Su capacidad para encontrar siempre al compañero en mejor disposición para jugar el balón, la de arrancarse cuando apenas hay espacios, la de tirar la mejor pared en la frontal del área, la de encontrar el disparo más sorprendente cuando todo parece imposible...
El holandés Van Gaal no tardó tampoco en ver las genialidades de Iniesta y lo hizo debutar en la Champions y en la Liga en la temporada 2002-03. Para entonces ya había iniciado su trayectoria como internacional en las categorías inferiores de la Roja, con la que se había coronado como campeón de Europa sub' 16 y sub' 19 y como subcampeón del mundo sub' 20.
Luis Aragonés lo llevó a la absoluta en 2006, cuando preparaba la lista para el Mundial de Alemania. En aquella cita España cayó estrepitosamente en octavos de final ante la Francia de Zidane. Quizá era demasiado pronto para la gloria internacional de Iniesta y sus compañeros. Poco tardaron en llegar la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010. Y ese gol de Johannesburgo, el más importante que haya marcado un jugador español en la historia.
No ha tenido que ser un año fácil para Andrés Iniesta. Tras una temporada triunfal en la que se volvió a ganar la Liga y la Champions el equipo de Guardiola no pudo aguantar el ritmo del de Mourinho y terminó viendo como los blancos se llevaron el título. Pero más duro fue, quizá, el modo en el que el Barcelona se quedó fuera de la Champions, eliminado por el que a la postre fue el campeón, el Chelsea, en una eliminatoria de semifinales en la que los londinenses se limitaron a atrincherarse en su área y confiar en pillar por sorpresa a los blaugranas. Al final, el centrocampista ha disputado este año 27 encuentros de Liga, con dos tantos marcados, y en la Champions ha jugado en diez partidos con un gol. La victoria en la Copa ha sido el mejor bálsamo para el de Fuentealbilla y sus compañeros.