A. GARCÍA Juan Mata, burgalés de nacimiento aunque asturiano de corazón, es uno más de los muchos canteranos del Real Madrid que no solo triunfan fuera del club blanco, sino que se convierten en estandartes de los equipos de primer nivel en los que finalmente recalan.
En 2007 dejó el filial blanco y se marchó al Valencia. Allí, durante cuatro años, se convirtió en indiscutible de los ché, aunque la difícil situación económica el club levantino no evitó que fuera una más de las estrellas valencianistas que han tenido que ser traspasadas.
El técnico portugués Villas-Boas no dudó en convencer el pasado verano al multimillonario Roman Abramóvich, dueño del Chelsea, para que pagase unos 30 millones de euros por él, aunque fue después de la marcha del portugués del banquillo londinense cuando más a gusto jugó el español en el equipo en el que es compañero de Fernando Torres.
El exvalencianista es un fijo de la lista de la Selección, donde debutó el 8 de marzo de 2009 en un partido de la clasificación para el Mundial de Sudáfrica, campeonato que ganaría meses más tarde. El pasado año se alzó como campeón de Eurocopa con la selección sub’21 y su nombre estará en la lista de Milla para los Juegos Olímpicos de Londres si el Chelsea lo permite.
Su velocidad, su facilidad para llegar a puerta y su gran visión de juego son su mayores bazas. Su juego rápido es una alternativa para esta Selección de toque y toque. Porque, además, puede exportar estar virtudes en casi todos los puestos del centro del campo hacia arriba, desde las bandas a la media punta pasando por ese falso nueve con el que ha ensayado Vicente del Bosque en algunos encuentros.
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