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Entrevista

José Moro: "¡Mi vino ha de hacerme temblar!"

Las bodegas Emilio Moro y Cepa 21 encarnan la faceta más tradicional e innovadora de una familia dedicada al vino desde hace más de medio siglo

CARLOS G. CANO   15-01-2013 - 18:07 CET

Al preguntarle a José Moro (Pesquera de Duero, Valladolid, 1959) si es madridista, responde que es "apolítico". Pero no: no ha entendido mal la pregunta. Sentado en su despacho, sonríe, reclama complicidad con la mirada... y sí: finalmente reconoce su simpatía por "el Pucela". Moro tiene muy presente el legado de su familia y reivindica la importancia del trabajo en la viña, por lo que prefiere hacerse llamar "hacedor de vino" antes que bodeguero. Está al frente de una de las marcas con más prestigio de la D. O. Ribera del Duero: Emilio Moro. Una empresa que factura 9 millones de euros al año, que crece a buen ritmo en el extranjero y que ansía regar las mesas de los mejores restaurantes del mundo. ¿El secreto del éxito? Amar el vino tal y como el abuelo le enseñó a su padre y, luego, su padre a él.

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La sala de barricas

En la sala de barricas de las Bodegas Emilio Moro reposan algunos de los mejores caldos de la Ribera del Duero.- (CORTESÍA DE BODEGAS EMILIO MORO)

Llevas toda la vida entre viñedos...

Me recuerdo, con cinco o seis años, metido en una cuba para limpiarla... porque eran las cubas grandes pero las bocas no: solo cabíamos los niños... Y también recuerdo venir de vendimiar sentado en una comporta de madera, tapado con un plástico porque llovía y con el culo mojado de mosto.

¿Quién más aparece, en esos recuerdos?

Mi padre y mi hermano.

Era una empresa familiar...

¡Claro! Nosotros elaborábamos en plan cosechero. Mi abuelo, Emilio Moro, ya se dedicaba al negocio del vino pero no embotellaba. Vendía garrafones... Mi padre siguió con esa tradición porque le habían inculcado lo mismo que él me inculcó a mí... y nosotros le hemos puesto etiqueta a las botellas, vendiendo la historia con ilusión.

En los últimos años han aparecido muchas nuevas bodegas, en la Ribera del Duero. ¿Cuál es el valor diferencial de Emilio Moro?

Que haya competencia, siempre es bueno. Nos hace estar más alerta... Pero nosotros tenemos tradición, historia... ¡Pedigrí! Nuestro mayor activo es la viña; el clon más puro de tempranillo, al que llamamos tinto fino. Eso nos ayuda a hacer vinos diferentes, con más personalidad, más color, más potencia, más cuerpo... Me gusta el concepto wine maker, más que el de bodeguero, porque contempla el trabajo de la viña, que es de donde parte todo.

¿Qué es el clon de tinto fino?

Un clon de tempranillo. El más puro. Con uvas más pequeñas y racimos más sueltos, que nos da vinos con más intensidad, más longevos... Hemos injertado todos nuestros viñedos con ese clon.

El buen producto es la base...

Nosotros tenemos las mejores materias primas: la mejor fruta, las mejores barricas... Pero luego hay que procesarlo. Las tendencias cambian.

Y hay que adaptarse a la demanda...

¡Claro! Pero además de gustar a los consumidores, el vino que hacemos tiene que respetar nuestros principios. Yo no podría hacer un vino muy comercial y muy bien puntuado, si no lo amo. ¡Mi vino ha de hacerme temblar!

¿Hacia dónde soplan los vientos del mercado?

La tendencia pasa por el reconocimiento a lo auténtico, al rigor en la viña, a lo natural... Nada de tunear para que parezca que hay lo que no hay.

¿A qué te refieres con tunear?

A modificar la estructura de un vino con prácticas enológicas para que parezca que tiene la calidad que debería...

¿Con química?

No necesariamente.

¿Qué es Cepa 21?

El legado de la tercera generación de Emilio Moro. Un proyecto innovador y moderno que se ha servido del know-how de la empresa para poner la firma en el siglo XXI. La primera cosecha fue la de 2002 y con los años ha ido adquiriendo un estilo muy definido. El terroir es diferente: otros suelos, otros ciclos de maduración... Si Emilio Moro es tradición, Cepa 21 es innovación... pero con respeto.

En España cada vez se bebe menos vino.

Baja el consumo del vino barato pero aumenta el de vino de calidad...

Y en términos generales, baja. ¿Lo das por bueno?

¡No! Hay que beber vino aunque sea malo. En Francia hay un consumo anual de 44 litros per cápita, y en España, de 17. Algo estamos haciendo mal, desde luego. No estamos llegando a los jóvenes. No estamos proyectando el valor cultural del vino.

En los últimos años el enoturismo ha irrumpido con fuerza...

¡Sí! A la gente le gusta ver las cepas, saber cómo se podan o cuántos racimos se dejan; conocer la madera de las barricas, apreciar los matices del vino... Comprender todo eso es como comprender un cuadro o una película. ¡Un hecho cultural! Además no resulta especialmente caro pero debería potenciarse una oferta complementaria más variada: golf, caza...

Burgos ostenta la capitalidad gastronómica de 2013...

¡Una muy buena noticia! Y no solo para Burgos: también para toda la zona, para la Ribera del Duero. Creo que la capitalidad es merecida y que contribuirá a relanzar nuestra cultura, nuestra gastronomía y nuestros vinos. Productos como la morcilla o el lechazo...

¿Qué restaurantes nos recomiendas en Burgos?

Mis favoritos son Casa Ojeda, El Mesón de la Villa, El Mesón del Cid y La Polvorilla.

¿Qué tal la crisis?

Los bodegueros tenemos la suerte de poder llevarnos las botellas a otro sitio. Resulta más complicado para quien tiene un quiosco, un restaurante o una tienda...

¿Estáis exportando mucho?

Tenemos presencia en casi 60 países y seguimos creciendo, sobre todo en EE UU y América Latina. Asia, aunque se hable mucho de eso, va despacio. Nuestro crecimiento, de todas formas, no se traduce solo en ventas. ¡También en reconocimiento! El 30% de nuestra facturación procede de las exportaciones. ¡Tres veces más que antes de la crisis! Nuestro objetivo es alcanzar el 50% y, al mismo tiempo, estar en los mejores restaurantes del mundo.

¿En qué mercados estáis creciendo más?

EE UU y Sudamérica. Se habla mucho de Asia... pero eso va muy lento.

He visto fotos tuyas con David Beckham, con Mariano Rajoy...

El mundo del vino tiene un reconocimiento social importante.

¿Alguna anécdota?

David Beckham es un enamorado del vino. En principio tenía solo dos horas pero acabó quedándose hasta las ocho, cantando canciones de los Beatles. Y la primera vez que vino Mariano Rajoy estuvimos asando chuletillas y tocando la guitarra...

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EMILIO MORO, EN LA GUÍA PEÑÍN

La guía Peñín, que es la publicación de referencia en lo que se refiere a vinos españoles, otorga 94 puntos al Malleolus de Sanchomartín 2008, de Emilio Moro. Un vino con un precio aproximado de 98 euros.

Pero el Finca Resalso 2011, que es el más ecónomico de los que comercializa la bodega (8 euros), ha recibido también una puntuación excelente: 90 puntos.

El Malabrigo 2010 de Cepa 21, que es 100% tinto fino, como los anteriores, ha recibido 93 puntos y su precio ronda los 45 euros.

Comentarios - 2

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  • 2

    Versace 17-01-2013 16:50:54h

    A 98 euros ya le pueden dar puntos con ganas.

  • 1

    fran 15-01-2013 23:14:29h

    Un poco elitista este hombre. Conozco bodegueros de pueblo que hacen un vino exquisito, "de calidad" y que tienen que venderlo barato para poder sacarlo. Muchos consumidores de vino están muy influidos por las modas y opiniones ajenas y son de "caballo, sota y bastos", o sea, que de Rioja y Ribera del Duero no los saques. Otra cosa, hay bodegueros "sin pedigrí" que hacen muy buen vino. Hay mucho "nacionalista" y "friki" en este mundo

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José Moro, ante una fotografía de 1957 en la que aparece junto a su hermano pequeño, Javier, y sus hermanas Rubi y Fabiola.

Los bodegas Emilio Moro comercializan botellas de hasta ¡27 litros!

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