La imagen de un Obama con turbante mientras choca el puño con su mujer armada con un Ak47 es la próxima portada del semanario estadounidentes The New Yorker. La imagen es una denuncia a las políticas del miedo que los medios conservadores estadounidenses están utilizando para minar la imagen del candidato demócrata.
"Obama es un musulmán y además amigo de los terroristas", este es el paralelismo que quieren hacer los intelectuales más conservadores de Estados Unidos. Medios republicanos, blogeros radicales o el ala más dura de FoxNews, la cadena que más ha jaleado la guerra contra el terror, han intentado establecer continuamente una relación entre Obama y terrorismo.
En su línea de humor inteligente, la revista The New Yorker sacará en su próxima portada a un Obama en el supuesto salón de su casa con su mujer. En esta idílica imagen sobre el fuego arde la bandera de Estados Unidos y en el salón preside un cuadro de Bin Laden. El matrimonio Obama está chocando los puños mientras Barack viste un turbante y su mujer, Mischelle, porta un AK47.
El candidato demócrata en un intento de no encosertarse en el traje de radical, por sus innovadoras propuestas, ha hecho un giro al centro en sus últimas intervenciones que, según un sondeo de Newsweek, no le ha favorecido. El candidato demócrata ha reducido de 15 a 3 puntos la diferencia con el senador republicano John McCain.
Enfado entre los demócratas
La oficina de campaña de Barack Obama ha mostrado hoy su disgusto por la portada. Mientras The New Yorker mantiene que la portada es un sátira de la caricatura que los críticos del ala derecha han intentado crear del senador Obama pero "la mayoría de los lectores la verán como de mal gusto y ofensiva; y nosotros estamos de acuerdo", afirmó el portavoz de campaña, Bill Burton. La ofician de su rival, el republicano John McCain, se solidarizó con el senador de Illinois al afirmar en un mensaje de correo electrónico que está de acuerdo con Burton, la portada "es de mal gusto y ofensiva"
La caricatura de Obama y su mujer será portada de The New Yorker