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ELECCIONES LEGISLATIVAS EN ISRAEL

Apatía frente al extremismo ideológico

Los 34 partidos que se presentan a las elecciones israelíes adoptan un mensaje marcado por la principal preocupación de los ciudadanos: la seguridad

CARLA FIBLA (Enviada especial a Tel Aviv/Jerusalén)   22-01-2013 - 07:32 CET

Sin competencia entre los candidatos por el primer puesto, los 34 partidos que se presentan a las elecciones legislativas han adoptado un mensaje marcado por la principal preocupación de los ciudadanos: la seguridad. Seguida por las dificultades económicas por las que, hace año y medio, el movimiento de indignados logró sacar a la calle a miles de personas.

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"Mucha gente en Israel cree que en este turbulento Oriente Próximo, este país no puede hacer mucho desde el punto de vista político. Por eso los israelíes van a votar de acuerdo con una sensación de seguridad personal que es muy ambigua y guiados por consideraciones socio-económicas", analiza Eran Shaison, director de Seguridad Nacional del Instituto Reut de Tel Aviv.

Sólo dos partidos, Meretz (extrema izquierda) y Hatsune (El Movimiento) de Tzipi Livni, llevan en su agenda electoral la necesidad de negociar con los palestinos; mientras que partidos ultranacionalistas como Habait Hayehudi (Casa Judía), que dirige el carismático empresario Naftali Bennet, al que no pocos señalan como un futuro primer ministro (para futuras elecciones), propone la anexión de Cisjordania empezando por las zonas delimitadas como Área C (que representan el 60% de los territorios ocupados) controladas por las autoridades israelíes y donde viven más de medio millón de colonos.

Bennet ha sido una de las pocas atracciones de esta insulsa campaña electoral en la que nadie duda de que el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, será designado por el presidente Simon Peres, para formar el Gobierno número 34 de Israel en sus 65 años de historia.

En contra de los pronósticos y de la costumbre, Netanyahu casi ha agotado su mandato de 4 años, pero decidió adelantar las elecciones (que debían haberse celebrado en octubre) por la necesidad de aprobar un nuevo presupuesto del Estado con unos socios de Ejecutivo que cada vez se lo ponían más difícil.

La unión en un solo partido del conservador Likud, que lidera Netanyahu, y de los nacionalistas de Israel Beitenu (al mando del ex ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Liberman, hoy fuera de la carrera política por estar pendiente de un juicio por un caso de corrupción), para crear Likud Beitenu en octubre del año pasado, podría ser uno de los grandes errores de estrategia de estos comicios. "Netanyahu no será desafiado en el seno de su partido porque es demasiado fuerte, pero sí que podría pagar muy caro el hecho de que al final no disponga de un partido fuerte en la coalición como él pretendía tener", explica Thamer Sheafer, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén. De hecho, las encuestas prevén una caída de más de 10 escaños para un experimento que "ha molestado a los votantes de centro del Likud porque convierte al partido en demasiado extremista y posiblemente se vayan a otros partidos como y a los votantes religiosos del Likud que no aprueban la alianza con Liberman porque le perciben como anti-religioso", añade Sheafer.

En Cisjordania se respira la indiferencia que generan estas elecciones sobre las que la mayoría coincide en que consolidarán el estancado proceso de paz, muerto desde finales de 2010 cuando concluyó la moratoria de construcción en los asentamientos. "Nosotros creemos que más que la negociación, lo importante es tomar decisiones. Hemos tomado una decisión muy clara al aceptar al estado de Israel sobre el 78% de la Palestina histórica, para lograr dos estados sobre la frontera de 1967, que es lo que fue reconocido por Naciones Unidas el 29 de noviembre de 2012. Israel tiene que tomar una decisión, o las colonias o la paz", asegura Xavier Abu Eid, asesor de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Una postura que unos kilómetros al este, en Tel Aviv, Eran Shaison contextualiza con otro prisma: "Los israelíes han visto que no hay progreso en el proceso de paz, que Abu Mazen se fue a la ONU para la promoción del Estado palestino sin negociar con los israelíes, que está rechazando la idea de una negociación limitada; y por otro lado está Hamás. Los israelíes creen que no hay mucho que puedan hacer y por eso votan guiándose por otros asuntos". Y añade: "La política israelí está dividida en cómo poner fin al control sobre los palestinos, pero no sobre sí Israel debe hacerlo. La pregunta sobre el cómo se refiere a algunos parámetros como el futuro de los bloques de asentamientos, de los barrios árabes en Jerusalén, de las fronteras con la entidad palestina".

La percepción, por los mensajes en las campañas y las declaraciones a pie de calle, es que la sociedad israelí ha seguido girando hacia la derecha, que los partidos conservadores han aprovechado la inestabilidad en la región, y que el discurso del miedo y la amenaza se ha asentado entre el electorado. El castigo a los grandes partidos de la actual coalición y el traspaso de escaños hacia las formaciones políticas de extrema derecha o ultranacionalistas podría aislar aún más a Israel, mientras su entorno más cercano sigue inevitablemente mutando, transformándose por las circunstancias socio económicas y la incapacidad de los mandatarios de la región de controlarlo absolutamente todo.

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