Bagdad, seis años después: Iraq dividido

Sigue las crónicas de la enviada especial de la Cadena SER a Bagdad en CADENASER.com

CARLA FIBLA / CADENA SER   26-04-2009

Antes de la guerra de 2003 los iraquíes se enfadaban cuando les preguntabas si eran sunní o chiíes, consideraban una ofensa que se les clasificase porque en su vida cotidiana no existía ese sectarismo. Hoy, en el Iraq ocupado y destrozado por Estados Unidos, se habla de barrios suníes y chiíes que han permanecido incomunicados durante meses en Bagdad para evitar enfrentamientos, y los matrimonios mixtos han pasado del 50% al 5% en la sociedad iraquí

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    "No dejaría a mi hija que se casase con un sunní", nos espeta rotundo una vecina de Kaddimiya explicando las dificultades que tienen los matrimonios mixtos en el día a día y sin querer dar detalles sobre el sufrimiento que las milicias y los grupos armados han impuesto desde 2006.

    ¿Quién comenzó la división? ¿A quién interesa la no unidad de Iraq que ahora intenta rescatar desesperadamente el primer ministro Nuri al Maliki a través de un acuerdo de reconciliación muy criticado en la calle iraquí?

    En la calle iraquí no existe la diferencia entre sunníes y chiíes, todos coinciden en que son las milicias (las chíies Badr y el Ejército del Mehdi) y los grupos armados vinculados a Al Qaeda los que han ejecutado la actual división con asesinatos según el carnet de identidad. Por eso, cuando las tropas estadounidenses se retiren de Iraq es posible que se desate una lucha armada entre las diferentes facciones por controlar el país (básicamente entre los pro-iraníes y los grupos contrarios a la ocupación).

    Estado Unidos, en su simplista visión del país que invadió hace seis años decidió que hubiese un reparto equilibrado teniendo en cuenta las creencias de la población. La mayoría chií frente a la fuerte minoría suní (que llevaba 35 años dirigiendo el país), los kurdos (en los que hay suníes y chiíes), y los cristianos tendrían una representación en un Parlamento que abarcase los problemas de todos los iraquíes.

    Pero la manipulación en tiempos de guerra está a la orden del día, y a pesar de que las últimas elecciones provinciales (30 de enero) se realizaron oficialmente sin incidentes importantes y se consideraron limpias porque fueron vigiladas por 100.000 observadores, decir con una cifra de participación del 51% que lo que opina el pueblo quedó reflejado en las urnas es algo banal. Hay que tener en cuenta el boicot de los que están a favor de la resistencia porque no aceptan normalizar la ocupación a través de un proceso electoral y el número de personas que realmente se inscribió previamente para acudir a las urnas. Lo que reduce la participación a poco más del 21% de los posibles votantes. Un ejemplo del funcionamiento de la democracia en Iraq: en la ciudad santa chií de Kerbala donde ganó el que era vicegobernador en la época de Saddam Hussein ha sido nombrado un radical chíi al que la prensa iraquí acusa de ser iraní.

    Y cuál es el análisis occidental: "Ganaron los chiíes porque son mayoría demográfica, lo que avala una verdadera revolución en Iraq porque era impensable que los chiíes pudiera alcanzar el poder".

    Mientras el primer ministro Nuri al Maliki, vencedor de las elecciones provinciales, jugaba la carta de la unidad, invitando a los suníes a participar en "la transición democrática" del país, e insistía en que no aceptará la injerencia ni de Estados Unidos ni de Irán en el futuro de Iraq, dos millones y medio de desplazados internos contemplaban el teatro político desde improvisados campamentos o desde casas de familiares, a cientos de kilómetros de suyas que tuvieron que abandonar apresuradamente durante los momentos de mayor violencia sectaria en Bagdad, cuando se encontraban 300 cadáveres en las calles a diario.

    Los que se están atreviendo a regresar a Bagdad y tienen la posibilidad de vender sus casas porque no han sido ocupadas, lo hacen o las alquilan para trasladarse a un barrio de su credo. Los suníes con los suníes y los chiíes con los chiíes, así es el nuevo Iraq.

    Basel y Salhua y sus tres hijos, regresaron hace año y medio de un exilio voluntario de Siria. "Gastamos hasta la última moneda de nuestros ahorros y regresamos. No lo dudamos, dejamos nuestro barrio de toda la vida, donde está la casa de nuestra familia y alquilamos una en un barrio sunní. Queremos vivir tranquilos".

    Resulta algo anecdótico que menos de 24 horas después de que murieran 150 personas, la mayoría chiíes, en un atentado sectario, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, en un viaje sorpresa a Bagdad, diera lecciones de unidad y pidiera a los iraquíes que restablezcan la confianza para sacar adelante el país.

    Me viene a la memoria el enfado de una anciana en Basora, al sur de Iraq, en enero de 2003 cuando un veterano periodista español en la zona, insistía, en que le dijera si era suní o chií, y luego me apuntaba: "Veremos que ocurre después de la guerra".

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