Zakiyatou Oulatet fue ministra del Gobierno de Mali y exfuncionaria de Naciones Unidas, una de las mujeres Tuareg que más alto haya llegado nunca en la administración maliense. El pasado 1 de febrero su casa sufrió un ataque por parte de sus propios vecinos, había incluso hombres de uniforme, asegura en la entrevista que concede a la Cadena Ser, y detalla que algunos estaban armados con machetes cuando entraron a su hogar. Ahora intenta pedir ayuda internacional para atender a los más de 44.000 refugiados Tuareg que han llegado ya a Mauritania huyendo del conflicto.
Zakiyatou Oualett, su madre Fadimata de 93 años y su hermana, una familia Tuareg refugiada en Nouakchott- (N.C)
"Ha sido un shock terrible, no me lo esperaba. No puedo ser cómplice de nuestro propio genocidio", explica Zakiyatou Oulatet Halatine, que nos recibe en una abarrotada vivienda de la capital mauritana. Ha llegado hasta aquí huyendo desde Mali junto a otros 19 miembros de su familia, 4 adultos, entre ellos su madre de 93 años, que escapa por segunda vez de la persecución , ya lo hizo en 1992 en medio del último gran enfrentamiento entre Tuareg y el ejército de Bamako, el resto son todos niños.
La familia de Zakiyatou se encuentra ahora refugiada en Nouakchot, después de huir de la muchedumbre que atacó su casa de Kati, una ciudad a unos 18 km de Bamako, donde curiosamente nació el reciente golpe de estado de Mali y donde el pasado 1 de febrero sus propios vecinos arrasaron su vivienda a golpes y armados con machetes: "El 1 de febrero por la mañana salí de mi casa pronto para comprar algunas cosas, cuando llegué al centro alguien me llamó y me dijo que habían atacado su casa y su farmacia y me advirtió que esa marabunta de gente iba para mi casa. No tenía miedo, no me imaginaba que me fueran a atacar porque he trabajado mucho por mi país. Pero, de repente, me llamó mi marido y me dijo que estaban atacando mi casa, regresé inmediatamente y vi una barricada de militares cerca y pensé que venían a protegernos pero al final no era así. En Kati se desató la locura y afortunadamente al menos mi madre de 93 años conseguimos que se escapara en un coche con un conductor directamente hacia la frontera más cercana, hacia la de Burkina Faso. Llamé a mi marido y me dijo que estaban destrozando la puerta de la casa y que estaban intentando entrar, tiraban piedras, lo destrozaron todo. Eran vecinos, hombres, mujeres niños, mi marido se escondió en el baño con mi hija adoptiva de 9 años, Hizo una barricada con todos los muebles en la puerta para que no entraran, para intentar parar el ataque. Llamé a muchas autoridades, a muchos amigos para intentar que me ayudaran a frenar aquello y después de 3 horas finalmente negociamos y pudimos escapar."
Originaria de Goundam, en la región de Tombuctú, esta mujer Tuareg aun no puede entender como su país está degenerando en un conflicto entre vecinos: "Fue un shock terrible, no me esperaba eso y verme de repente sin nada, pedimos a ayuda a la embajada de Francia y finalmente nos enviaron en un vuelo a París y llegamos hasta aquí. Es verdaderamente traumatizante, es duro ver tus efectos personales, tu casa, tu salón...decenas de personas entrando y cogiendo de todo, tus papeles, tu vida, las cosas de tus hijos, verdaderamente es terrible y chocante sobre todo porque era gente que apreciábamos, vivíamos en el mismo barrio y teníamos relación con ellos, nos saludábamos de forma gentil al modo africano y cuando ves tal reacción violenta de repente sin ninguna razón... no veo ninguna razón. Siempre he trabajado en Bamako, mis hijos han nacido allí, todos mis amigos están allí, solamente ha sido a causa de nuestro color de piel".
La ayuda de Francia
Finalmente acudió en busca de ayuda a la Embajada de Francia en Bamako y el día 7 de febrero salió en un vuelo nocturno hacia París y luego hacia Mauritania.
Es la repetición de la persecución hacia su familia, según ella simplemente por ser de etnia Tuareg y por su color de piel clara. Ya en 1992 la familia Oualett tuvo que refugiarse en los campos de Mbera en suelo Mauritano después de que mataran al tío de Zakiyatou fruto de varios disparos.
Veinte años después, esta exfuncionaria de la ONU es una de los más de 44.000 refugiados malienses que desde enero se han refugiado en suelo mauritano. "Es mi historia, que lo he hecho todo por mi país pero no soy la única, puedes encontrar esta misma historia en cada familia Tuareg o mora y finalmente me dije hay que denunciar lo que está pasando porque no queremos ser cómplices de nuestro propio genocidio, no es posible"-
"Eso no debería pasar, entiendo que la gente esté enfadada con el Estado por la muerte de sus hijos en el Ejército en la guerra del norte con los rebeldes, pero deben descargar ese enfado con el gobierno, no con nosotros, no se puede justificar. Mi familia es víctima del Estado, nadie deber ser considerado mejor que otra persona, si el Estado tiene problemas con algún Tuareg que lo arregle con ese o esos Tuaregs no con todos... Hay más de 50 mil refugiados en Mbera en Mauritania, miles en Argelia, lo mismo en Níger o Burkina, se repite lo mismo que en 1992".
El origen étnico no debería marcar tu ciudadanía
El flujo de refugiados es muy rápido y aquí se están instalando en campos de refugiados donde hay muchas carencias. Al principio de la llegada de refugiados en enero y febrero me dicen que morían 10 personas cada día, ancianos y niños que ya venían enfermos, ahora menos, es que mucha gente viene de largos viajes, algunos en coche, otros a pie, es verdaderamente muy triste. "Mueren soldados originarios del sur pero no se habla de los Tuareg que mueren. Pero si nunca ha habido Tuareg en la justicia, muy pocos en la administración, lo mismo en el gobierno o en el parlamento, si no están representados los Tuareg y los moros como va a ser un país multiétnico si los ciudadanos de todas los grupos no están realmente representados si hay un Estado que los considera realmente ciudadanos, nadie puede ser mejor que nadie, es un error de gestión del país, no se puede construir un estado sobre la desconfianza entre los ciudadanos, no se puede aceptar"
Como exministra y destacada representante de la sociedad Tuareg insiste en que el conflicto es fruto de la mala gestión del Gobierno. "Nosotros clamamos por la buena relación entre todas las etnias pero hay que parar todas las atrocidades que se están cometiendo. No es cuestión de perdonar sino de justicia .Soy ciudadana maliense, el origen étnico no debería marcar tu ciudadanía en Mali, o crearse categorías dependiendo de tu origen pero es lo que está sucediendo y esto me duele mucho, no puedo aceptarlo".
Preocupada por el estado de salud de su madre, Fadimata Oualett, de 93 años, "mi heroína" dice una y otra vez, Zakiyatou intenta agarrarse a un discurso de reconciliación "esto no debería estar pasando, entiendo que la gente esté enfadada con el Estado por la muerte de sus hijos en el ejército en la guerra del norte con los rebeldes, pero deben descargar ese enfado con el gobierno no con nosotros, no se puede justificar. Mi familia es víctima del estado, nadie deber ser considerado mejor que otra persona, si el estado tiene problemas con algún Tuareg que lo arregle con ese o esos Tuaregs no con todos, yo nunca he apoyado a los rebeldes, soy una ciudadana de Mali, que apoyo el sentido de la República pero el Estado de Mali no nos quiere a los Tuareg. Se repite lo mismo que en 1992"
Es el testimonio de una de las 200.000 familias Tuareg que ha tenido que huir de Mali por el conflicto crónico del norte del país cuyas consecuencias se están trasladando en forma de crisis humanitaria en los ya de por sí pobres países vecinos que están padeciendo la peor sequía de los últimos años y donde los esfuerzos se centran en luchar contra la crisis alimentaria que amenaza a más de 10 millones de personas en toda la región. Hambre, guerra y persecución vuelven a reencontrarse en las arenas del Sahel.