Los cinco acusados por los atentados del 11-S están siendo juzgados por un tribunal militar que celebra sus sesiones en Guantánamo. En los primeros compases del juicio, el supuesto cerebro de los ataques ya ha dicho que quiere que le apliquen la pena de muerte para convertirse en un mártir.
Son cinco detenidos. Sobre uno de ellos Jalid Sheij Mohamed, antiguo número 3 de Al-Qaeda e ideólogo del 11-S, pesan 2.973 acusaciones de asesinato, una por cada víctima de los atentados. También se le acusa de otras 30 muertes, entre ellas la de un periodista.
El juez le preguntó ayer si era consciente de que podía ser condenado a la pena de muerte, a lo que él respondió, "eso es lo que quiero, quiero ser un mártir".
Él y los otros cuatro acusados rechazaron uno por uno la asistencia legal de los abogados asignados y negaron validez alguna al tribunal. El juicio puede, de hecho, ser inservible por dos razones: por un lado, el Tribunal Supremo puede anularlos dentro de un mes, cuando dicte sentencia sobre los derechos de los detenidos, y, por otra parte, como dice uno de los abogados asignados a la defensa, todo lo que digan los acusados estará siempre teñido por la tortura.
Todos los detenidos han pasado años en cárceles secretas de la CÍA, antes de ser trasladados a Guantánamo.
El partido demócrata acusa a Bush de haber precipitado estos juicios para lograr sentencias justo antes de las elecciones presidenciales y así poner de nuevo el 11-S en la memoria de los votantes.