En la ciudad fronteriza de Reynosa, en el estado mexicano de Tamaulipas, los permisos para tener un taxi los controla la mafia del narcotráfico. También ahí, pegado a Estados Unidos, en la ciudad de Nuevo Laredo, los medios de comunicación ya no informan sobre asuntos del narco; es demasiado peligroso.
En algunos barrios de Ciudad Juárez, en Chihuahua; los restaurantes, bares y clubes nocturnos tienen que pagar la extorsión con comida, alcohol y putas para los trabajadores del narco; si no lo hacen, son incendiados.
Un joven estudiante de Tampico cuenta en un correo electrónico, pidiendo consejo a una maestra, que su compañero de escuela, hijo del capo local, le ha pedido "ceda" a su novia. ¿Qué hago? Pregunta. Tiene miedo. Termina por acabar la relación.
El Estado existe para tener el monopolio de la fuerza y cobrar impuestos. En muchas zonas de México, ambas funciones son ejercidas por las organizaciones criminales.
Escuché hace poco a un funcionario federal decir de un gobernador fronterizo que de gobernar nada, que sólo ejercía el presupuesto. Hasta hace poco, ese gobernador no tenía seguridad, no usaba guardaespaldas.
En ese Estado, tampoco hay decapitaciones ni violencia.
Nada más alejado de esas zonas de México que la democracia.
Ahí sólo hay miedo. El que impone la narcocracia.
Carlos Puig, director de Hoy por Hoy México