El candidato demócrata, Barack Obama, y el republicano, John McCain, han salido hoy a dar el último empujón a sus campañas en dos de los Estados industriales clave, Ohio y Pensilvania, cuando faltan 48 horas para las votaciones que pondrá fin a una emocionante carrera por la Casa Blanca que durante 18 meses ha atraido la atención del mundo.
El senador por Illinois tiene programado actos electorales en las tres ciudades más grandes de Ohio, al tiempo que ha lanzado un nuevo anuncio que enfatiza los lazos de McCain con el impopular vicepresidente Dick Cheney. "Estoy encantado de apoyar a John McCain", dice Cheney en el anuncio, quien también ensalza a la aspirante a sustituirle, Sarah Palin. "Ese no es el cambio que necesitamos", dice después el anuncio.
Obama sigue liderando las encuentas nacionales y en algunos estados importantes de cara a los comicios del martes. Sin embargo, ni él ni sus asesores bajan la guardia, mientras que en el lado republicano confían en una sorpresa de última hora. Según la oficina de campaña de McCain, que cita encuestas propias, se está cerrando la brecha entre ambos candidatos. Sin embargo, las encuestas públicas nacionales muestran un escenario diferente, ya que McCain se encuentra tambaleando en una docena de estados que votaron republicano hace cuatro años. Según las encuestas, la diferencia entre Obama y McCain en estados clave como Ohio y Florida es muy estrecha como para declarar un ganador.
La gran esperanza de McCain de penetrar un bastión demócrata es Pensilvania, que han votado azul en las últimas cuatro elecciones presidenciales. Obama ha liderado las encuestas en este estado pero la brecha se ha reducido en los últimos días de 7 puntos a 4.
Rick Davis, jefe de campaña de McCain, ha dicho hoy en un programa de television de la cadena ABC, que Pensilvania, con sus 21 votos electorales, "podría ser un estado líder en estas elecciones". "Estuvimos allí ayer. Regresaremos. Es un Estado que creo podemos arrebatar a los demócratas y que sea parte de nuestra coalición en las elecciones", ha agregado Davis.
El asesor ha resaltado que McCain ha registrado un importante avance en los últimos días en Colorado, Nuevo México y Nevada, en donde a su juicio hay un empate. Las encuestas de la semana pasada muestran una ventaja de Obama en los tres Estados de al menos 4 puntos porcentuales.
El aspirante demócrata está lanzando su ofensiva final en Ohio, Florida, Carolina del Norte y Virginia, cuatro Estados que reeligieron a George W. Bush en 2004. El jefe de estrategia de Obama, David Axelrod, ha destacado que los demócratas tienen una ventaja en las votaciones anticipadas en Estados clave como Florida y Colorado.
La campaña presidencial de EEUU está a punto de acabar pero ya está claro que, en lo que respecta a recaudación de fondos y a gastos, ha sido la más cara y la más innovadora de la historia. Entre los dos principales candidatos, el demócrata Barack Obama, y el republicano John McCain, han recaudado cerca de mil millones de dólares.
La cifra es aún superior si se cuenta lo logrado por la docena de aspirantes que se quedó por el camino, incluida la senadora Hillary Clinton, que recaudó decenas de millones de dólares y logró 18 millones de votos en una primarias muy disputadas.
Tan sólo Obama ha recaudado en torno a los 750 millones de dólares, una cifra que ha batido todos los récords que hubiera parecido imposible hace tan sólo un año. En septiembre recaudó 150 millones de dólares, una cantidad que supera lo que recaudaron en 2004 los dos principales candidatos, el presidente George W. Bush y John Kerry, en la etapa final de la campaña.
Para conseguirlo, el aspirante a ser el primer presidente negro de EEUU expandió una estrategia que ya había apuntado en su día el fallido candidato demócrata Howard Dean en las elecciones de 2004, el uso de internet y el cultivo de los militantes de base más jóvenes y entusiastas.
Apelando que los simpatizantes contribuyeran con lo que pudieran, y aceptando donaciones de 5, 10 ó 25 dólares, la campaña consiguió captar más tres millones de donantes, 600.000 de ellos en septiembre, una cifra sin parangón.
Ello le permitió renunciar a la aportación de fondos públicos, 84 millones de dólares, para su campaña. Es el primer candidato que rechazaba esos fondos desde que empezó a aplicarse este sistema, en 1974.
Aceptar los fondos públicos limita la capacidad del candidato de recaudar dinero procedente de individuos y entidades privadas. El paso le valió duras críticas de McCain, que sí aceptó esos fondos y le acusó de haberse echado atrás en sus promesas durante las primarias.
"Firmó un trozo de papel que decía que aceptaría los fondos públicos si yo lo hacía. Eso fue cuando parecía que tenía pocas posibilidades como candidato. No mantuvo su palabra", denunció McCain en el último debate que enfrentó a los candidatos, el 15 de octubre. Pese a las críticas, no parece que Obama tenga muchos motivos para arrepentirse de su decisión. Su abrumadora ventaja económica sobre su rival le ha permitido sufragar una ingente operación sobre el terreno y de propaganda en numerosos estados, incluso en algunos donde sus posibilidades de triunfo eran escasas, mientras que McCain ha tenido que medir cuidadosamente sus inversiones.
En un alarde de medios, Obama se permitió esta semana el lujo de comprar media hora de espacio televisivo en varias de las principales cadenas estadounidenses en hora de máxima audiencia para emitir un publirreportaje sobre su campaña. El gasto, aunque no se ha divulgado oficialmente, se calcula en cerca de cuatro millones de dólares. Y no es sólo el publirreportaje. A mediados de octubre, según el Grupo para el Análisis de los Medios en la Campaña, Obama había gastado cerca de 195 millones de dólares en anuncios durante su carrera hacia la Casa Blanca, mientras que McCain y el Comité Nacional Republicano habían destinado 99 millones.
Los propios dirigentes de la campaña de McCain han venido a expresar su envidia por esta disponibilidad de fondos. Según ha declarado Steve Weissman, del Instituto para la Financiación de las Campañas, el éxito de Obama motivará "una desmotivación cada vez mayor" para usar el sistema de financiación pública, que se estableció para evitar que los candidatos dedicaran demasiado tiempo a la recaudación de fondos o fueran susceptibles a las donaciones de los intereses especiales.
Dado el éxito del candidato demócrata en esta ocasión, es, desde luego, difícil imaginar que en el futuro otros aspirantes acepten las limitaciones que implica el dinero público. Weissman recuerda que en la etapa de primarias ya son sólo los candidatos más débiles los que aceptan la financiación del Estado. Y según Todd Harris, un estratega republicano, "será muy difícil que dentro de cuatro años ningún candidato defienda la necesidad de acudir al sistema público, dada la ventaja que Obama ha recibido por renunciar a él".
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