Soy de Granada pero escribo desde Alemania, Hanóver, capital situada a tan sólo unos 300 kms. de Berlín, esta ciudad tan cosmopolita e histórica. Anoche tuve la suerte de poder seguir en directo por TV la celebración y los discursos a raíz del vigésimo aniversario de la caída del muro. También puede seguir la "caída" simbólica del muro realizado com 1000 placas de estiropor que han viajado por todo el mundo para ser testigo de muchos otros "muros" que aún quedan por derribar, comopor ejemplo el de la pobreza /riqueza en un país tan bonito como México, el de Corea del Norte que persiste todo tipo de calamidades e "inclemencias" atmosféricas.Grandes
personalidades como Mandela dejaron huella personal en estas placas ... Para mí fue un honor entender en alemán los mensajes que los políticos alemanes como Merkel, Genscher, o ciudadanos de a pie en calidad de testigos históricos transmitieron a tantos millones de personas (honor porque las traducciones quitan siempre algo de savia a lo traducido y/o interpretado).
En el año 84, con 20 años, estábamos de Inter-rail por Alemania Occidental y allí nos enteramos de la posibilidad de ir a Berlín Occidental (atravesando la Alemania comunista, sin paradas). Lo hicimos en un tren nocturno, recorrimos el Berlín occidental el primer día, y el segundo pasamos al Oriental (el comunista), con una visa de 24 h y 25 marcos por persona, que tuvimos que cambiar obligatoriamente, y que luego apenas si pudimos gastar. El choce de uno al otro Berlín fue brutal, empezando por el cruce de la frontera, por una serie de pasadizos solitarios, vigilados con cámaras y puertas con porteros automáticos. Los soldados que nos pidieron los papeles imponían. Una vez dentro, se notaba el distinto nivel de vida, y lo que más recuerdo es la comida en un restaurante de menú único, escaso y barato, en el que se compartían mesas largas y a nuestro lado comió un militar de alta graduación (todo muy "democrático" e "igualitario"). Como los museos eran gratuitos, nos metimos en un supermercado a gastar nuestros marcos, pero las estanterias estaban tan vacías, que nos costó encontrar qué comprar. Imaginamos que, como en otros países del este de la época, se practicaba mucho la economía del intercambio. También recuerdo el silencio, los grandes espacios vacíos y edificios sin habitar cerca del Muro, y la Puerta de Branderburgo, majestuosa, enmarcada por el horror de la separación. También recuerdo, del lado occidental, una especie de tribunas prefabricadas, para asomarse al otro lado. Fue una visita impresionante, y me alegró mucho cuando cayó, pero es emocionante pensar "yo estuve allí".