LA FIRMA DE ÀNGELS BARCELÓ
La situación en Túnez ha dado esta tarde un giro radical. El presidente Ben Alí ha abandonado el país y ha asumido la presidencia interina el primer ministro Mohamed Ghannouchi, dice que va a respetar la Constitución y a restaurar la estabilidad.
Es lo último después de días de enfrentamientos, con un balance provisional, sin confirmación oficial, de cerca de 90 muertos. Unos enfrentamientos, que tienen su origen en reivindicaciones económicas y sociales, que han servido para desenmascarar a uno más de los regimenes totalitarios de esa parte del plantea. Porque hasta hoy era fácil relacionar a Túnez con el turismo o incluso con cierto aperturismo en medio de una zona caracterizada por la represión. La revuelta de Túnez saca a la luz la realidad política y social de ese país, y nos damos cuenta de que tras esa imagen hay una población sometida bajo un régimen corrupto, con violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos y con una total falta de libertades.
Y descubrimos también que todo esto pasa desde hace mucho tiempo sin que la Unión Europea haga nada por evitarlo y especialmente España, Francia e Italia, a las que este estallido vuelve a sacar los colores. Aunque el argumento será el que ya conocemos todos, que se hace en aras de los intereses económicos y estratégicos