Análisis




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ENCUESTA - 2009-10-15 - (8451 votos)
Qué lejanos parecen ya aquellos días de pasodoble, plazas abarrotadas y exaltación de la amistad entre Genoveses y Valencianos. Con el derribo y liquidación del entallado Ricardo Costa entramos en la siguiente fase: la enérgica condena, aunque se le cese más por desobediente ante los designios de sus mayores que por andar de palique en el móvil con el tal Bigotes, como aclaró Cospedal en la Ser. Por eso no cesan a Camps, porque les gusta cuando calla porque parece que está como ausente, que decía el poema. Ya ni la vociferante Rita Barberá exige la dimisión de Zapatero parapetada tras una barricada de bolsos de Button. Hay que hacer algo dice todo el mundo en voz baja por los pasillos Populares mientras la crítica aplaude a Esperanza Aguirre por contundente y abuchea a Rajoy por manso. Pero ¿hacer qué?
Un líder enfrentado a la corrupción debe elegir entre salvarse primero él y luego el partido, o salvar primero al partido y luego a él mismo, si queda sitio en el bote. Esperanza Aguirre, fiel a su tradición de "ambición rubia", ha elegido salvarse ella y quemar. Su mensaje es claro: Ella no sabía nada de los centenares de contratos troceados para mejor digestión de Correa, está muy decepcionada porque han decepcionado su confianza muchos que nunca pensó fueran a decepcionarla tanto en una escala de decepción de cero a diez y, por supuesto, hará lo qué sea y matará a quién sea sin piedad o misericordia. Es la reacción de quién se cree por encima del partido pues su poder son sus abrumadores resultados electorales. No le preocupa quemar a la organización porque se cree liderazgo puro. Un cálculo que muchos han hecho y siempre se han equivocado.
Rajoy parece haber elegido salvar al partido y asumir el riesgo de quemarse lentamente. Hombre de aparato, sabe bien que al día siguiente de los escarmientos públicos la vida sigue y alguien tiene que ocuparse de que la organización siga funcionando. Su mensaje es más confuso pero da entender que los Populares no abandonan a los suyos, incluso a quienes se lo merecen tanto como Camps. Su cálculo opera sobre la hipótesis de que el daño real del Gurtelazo sobre su electorado ya está hecho y nadie sabe cuánto puede ser; en cambio el destrozo interno puede evitarse y también el cataclismo que supondría sumar a los casos de corrupción una guerra interna abierta.
La estrategia de Rajoy ha estado clara desde el primer día: inventarse un enemigo exterior -nosotros estamos bien, es el resto del país lo qué funciona mal, desde la policía a los medios- y asegurar el cortafuegos que separa, cada vez menos, el fuego de la corrupción del incendio de la financiación ilegal.
La primera parte sólo requiere de portavoces desahogados como Cospedal o Pons, gente dotada de ese don de ser capaz de acusar a cualquiera de asesinar a su propia madre sin alzar la voz, decir una mala palabra o descomponer la sonrisa y negarlo cinco minutos después.
La segunda parte es la peliaguda. Sólo funciona si se garantizan dos elementos: un stock amplio de chivos expiatorios y saber exactamente dónde se pisa: hasta dónde y a quién reclutó la trama. Hasta la fecha la oferta de chivos expiatorios está siendo exigua y no promete mejorarse en el futuro, excepto en Galicia, donde hay un muerto a quién culpar: el difunto Cuiña; y los muertos nunca se resisten a dimitir, algo muy conveniente en la presentes circunstancias.
En cuanto a la cuestión de la información, desde el momento que ha caído el tesorero de partido, Rajoy sabe bien que pisa arenas movedizas y el suelo puede hundirse bajo sus pies en cualquier momento.
Para cortar cabezas hay que tener una lista cerrada y completa de cabezas cortables y no la tiene. Mientras espera y ve, como le gusta, tal vez Rajoy debería empezar a plantearse que de poco sirve salvar al partido si se exaspera a los votantes, lo mejor que aún le queda al PP. Y salvar a los votantes pasa darles motivos para defender su opción política en el bar, en el trabajo o en la comida del domingo, no darle más razones para avergonzarse. Antes o después, de derechas o de izquierdas, jóvenes o viejos, hombres o mujeres, todos los votantes acaban llegando a la conclusión de que se merecen un líder que les diga la verdad.
vamos a ver colegas,un exalcalde tel pp en teo cometio todo tipo de delitos y demasiados urbanisticos,y al frente de la conselleria de urbanismo estaba nuñez feijoo,entonces vosotros pensais que hay que salvar al pp,o meterlos a todos entre rejas,un juez de santiago tambien cometio todo tipo de delitos y a los que les robaron decidieron denunciar a estes tipejos y ese juez miguez poza los metio en la carcel en teixeiro,siendo culpables por defender lo k era de ellos,esto es mucho mas que corrupcion,es una autentica mafia,¿habra sitio en las carceles para tanta basura de delincuentes con cargos de administraciones?esa es la pregunta
Esto no ha hecho más que empezar. Sólo se están empezando a dar cuenta de que son inmunes. >Cuando se hagan ploenamente conscientes de que hagan lo que hagan la gente los apoyará de manera incondicional, este país será jauja para los corruptos. (ya está pasando en Italia)
A ver un momento. La fidelidad del electorado de derechas está fuera de toda duda. Pero de ahí a que se vean dia si y dia también acongojados de falsedades y ebrios de tantas tonterias como tienen que escuchar de sus dirigentes, pues la verdad, media un abismo...y mas aún si se alarga la tortura... y esto va para largo. Vamos, que a nadie le gusta que lo tomen por tonto. Hay amores que matan, siempre se ha dicho. Asi que ojito, que la gente será de derechas, de izquierdas o de lo que sea, pero tontos ya no somos nadie. En fin, yo quiero pensar que la gente, se identifique con el partido que se identifique, mantiene siempre su nivel de autocrítica intacto, es lo deseable, quizá sea una lección más que la ciudadanía deba darles a los políticos. (y como decía la canción... "que no me llamen iluso por tener una ilusión" jaja)
Siento discrepar de tu última reflexión, Antón. Cuando los votantes no tienen por costumbre "pensar", es difícil elaborar un razonamiento y sacar de él alguna conclusión. Al final te das cuenta de que es más fácil que te lo den hecho. La CV es un cortijo. El señorito es el señorito. Indiscutible. Y es más recomendable votarle a él que a cualquier advenedizo. Vale más malo conocido...
Tratar de idiotas a los votantes del Pp es serlo. Entiendo que sigan defendiendo a su partido y a sus líderes, no más sea por verguenza torera, que la tienen. Pero no confesiono con el análisis que hace A. Losada. Ni estoy de acuerdo con la crítica feroz a ZP en momentos en los que se necesita esperanza y confianza. Sería una calamidad que un partido con tantas grietas gobernara y es cínico no reconocer los aciertos del gobierno. Que dios nos ampare.
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