Hoy por hoy - Pepa Bueno y Gemma Nierga

Los socialistas en Cataluña, una casa dividida

PEPA BUENO   27-02-2013

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Los socialistas en Cataluña son hoy una casa dividida. La histórica relación entre el PSOE y el PSC, que (con tiranteces y recelos más formales que reales) compartían un proyecto común y se reforzaban mutuamente ha comenzado a hacer aguas.

El martes, por primera vez desde 1977, los diputados socialistas catalanes en el Congreso rompieron la disciplina de grupo y votaron distinto que el resto de sus compañeros. El PSOE votó 'no' a la propuesta de CiU sobre la consulta soberanista y los diputados del PSC votaron 'sí'. Solo Carme Chacón se desmarcó de lo que ella misma definió como un "proyecto de ruptura de Cataluña con España". No votó ni 'sí' ni 'no'; en su intento por ser coherente acabó reflejando ella misma la esquizofrénica situación en que se encuentra el PSC con una abstención.

Hay en Cataluña una inmensa corriente de opinión (las encuestas nos dicen que ya es mayoritaria) que entiende que el pueblo catalán tiene derecho a ser consultado sobre sus relaciones con el resto de España. Los socialistas catalanes creen que no pueden mirar desde la cuneta estos nuevos tiempos en su comunidad porque corren el riesgo de acabar siendo irrelevantes. Creen que debe haber un referéndum legal, aunque sea para votar 'no' a cualquier intento rupturista.

El PSOE lo sabe, pero no puede aceptarlo. La dirección del partido mantiene su discurso unívoco, considera que toda España tiene derecho opinar sobre la propuesta catalana y rechaza por anticonstitucional la consulta soberanista. Pero desde hace meses viene haciendo un esfuerzo por tender puentes con la realidad catalana, y ha ido tan lejos como para llegar a plantear una reforma constitucional que acerque más al federalismo, la organización territorial española y consolide definitivamente un sistema de financiación más justo con Cataluña y el resto de comunidades.

A los numerosos problemas que ya tiene el PSOE se le suma ahora este problema en Cataluña, y de momento anuncia que revisará las reglas del juego con el PSC para evitar quiebras como éstas.

Pero el verdadero problema lo tiene el PSC, que tiene que decidir si quiere ser parte del proyecto político que hace tres décadas vertebró España con un discurso progresista reconocible en cualquier comunidad o si prefiere dejarse llevar por una ola soberanista que, como ha podido comprobar en sus carnes la propia CiU, siempre favorecerá a las ofertas originales independentistas frente a los que intentan nadar y guardar la ropa.

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