Beatísimo Padre, en estas últimas horas en el solio pontificio ha sostenido una actividad incesante, se ha despedido de los fieles, ha dictado normas para el cónclave, ha parado los pies al cardenal Bertone máximo intrigante de la Curia, ha nombrado al presidente del banco Vaticano, ha dejado fuera de la capilla sixtina a uno de los consentidores de la pederastia, antes de ascender a los cielos en helicóptero para posarse en Castelgandolfo y escrutar las estrellas desde su observatorio astronómico. La expectación por el informe del Vatileaks y por las memorias que está escribiendo es máxima.