Lunes, 28/5/2012 23:40
Reportaje
Un 17 de enero de hace 100 años, el capitán Scott llegó al Polo Sur para conquistar el último pedazo de tierra en el que todavía no había pisado el hombre. Pero llegó tarde... Ese mismo día, las temperaturas bajaron 20 grados de golpe, y el viaje de vuelta se convirtió en un infierno que acabó con toda la expedición a sólo 11 millas del depósito que les habría salvado la vida.
El reportaje que acompaña a estas líneas cuenta en dos minutos un viaje que duró meses y que, por primera vez en la historia, regaló a los segundos en llegar tanta gloria como al primero. La expedición liderada por Amundsen había colocado su bandera sobre el eje que marca el Polo Sur un mes antes empujada por perros y por la enseñanza de los esquimales con los que el noruego vivió dos años. Scott, capitán británico, no pudo o no quiso aprender... Los esquimales eran considerados hace un siglo hombres de la edad de piedra... gente de la que tenía poco que aprender un capitán británico de la época que ni sabía ni quería escuchar.
Scott pensó que si Shackleton se había quedado a sólo 180 km del Polo Sur, su liderazgo, un poco más de comida y un poco más de esfuerzo, servirían para cubrir esa distancia. Se equivocó y le costó la vida; pero supo morir como nadie antes lo había hecho... por eso todavía hoy está en nuestra memoria y en la de la ciencia, porque Scott arrastró hasta la tienda en la que murió kilos y kilos de preciados fósiles que hoy todavía se estudian.
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De hecho... muchos de sus perros viviron más que él, en gran parte gracias a Meares que era el único que tenía experiencia con ellos. Scott, reacio acérrimo de los perros en un primer momento acabó haciendo que su vida dependiera de ellos ya que tenían que volver para ir rellenando los depósitos que el grupo del polo encontraría a la vuelta. Desgraciadamente él mismo se encargó de embrollar tanto las órdenes sobre los perros con hasta tres versiones distintas, que finalmente los perros nunca llegaron y ahí se acabó la historia. Obviamente es difícil saber que pasa por la cabeza de un hombre en momentos así, pero sabiendo un poco de la personalidad de Oates, yo creo que más bien salió a morir fuera por no darle a Scott el gusto de hacerlo delante suyo con la morfina, además de que debió sufrir unos dolores que cuesta imaginar por el estado de su pierna. En cuanto a Wilson y Bowers, estaban todavía en condiciones físicas de haber seguido avanzando unas millas más, pero Scott, el más tocado, no lo quiso así. Ojo, no digo que no hubiera una dosis ingente de coraje, pero debería haberse compensado con algo más de inteligencia y sentido práctico. O haberse retirado a tiempo, como hizo Shackleton en la expedición Nimrod unos años antes.
Carrasco, Scott no llevaba perros. Y sí. Planteó tremendamente mals al expedición. Pero una vez metidos en el lío, le echaron toneladas de coraje. Uno (Oates) llegó a sacrificarse, porque retrasaba al resto y no querían dejar a nadie atrás. Y la palmaron todos juntos. Me parece que, aunque sólo sea por su valor (claro que eso no está muy de moda hoy en día), se merece (se lo merecen todos ellos) un respeto.
Por lo que he podido leer, el buen hombre se equivocó en todo,no quiso perros para los trineos, no contó con que habia que volver y solo pensó en llegar, y lo peor volvió, por la izquierda cuando Amundsen lo hizo por la derecha como toca,esque estos ingleses no aprenden nunca"son tan listos"
Mató a sus perros y mató a sus hombres. Probablemente, el peor explorador de la historia...
Como dice el gran Roland Huntford en su libro. Una mañana de inusual buen tiempo perdida recolectando 20 kilos de fósiles que en realidad no aportaron nada nuevo que otras expediciones no hubieran hecho ya (son ingleses, nunca reconocerán algo así), en lugar de usarla para avanzar todo lo posible hacia el depósito. Y encima los arrastraron durante cientos de kilómetros cuando la mitad de peso en carne de foca o de caballo (tomada de los depósitos) probablemente les hubiera salvado la vida. Probablemente el suicidio ególatra más famoso de la historia.
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El capitán Scott, durante su expedición en la Antártida