Viernes, 10/2/2012 19:11
El preso español Abderramán Hamed ha relatado a la Cadena SER las vejaciones a las que estuvo sometido en Guantánamo. “La vida era muy difícil, estar metido en una jaula, sin apenas poder andar es muy duro. Nos apoyábamos unos a otros dándonos consejos y leyendo el Corán”, señala.
Ya puede pasear libremente por su tierra natal, Ceuta, desde donde Hamed decidió, con 26 años, irse a Afganistán porque “había oído hablar mucho de los talibanes y quería conocer qué había de cierto en lo que se decía de ellos, si era verdad que aplicaban la ley islámica. Quería aprender la teoría y ver la práctica.”
La experiencia con los talibanes fue buena, asegura que le recibieron bien porque “acogen muy bien a los extranjeros, sobre todo si son musulmanes”. Pero la situación se complicó con los atentados del 11 de Septiembre. Tuvo que huir de Afganistán y refugiarse en Pakistán, donde acusado de vinculación con extremistas talibanes, fue detenido por el ejército paquistaní por “parecer árabe”, y entregado a las autoridades americanas.
Desde ese momento, fue sometido a todo tipo de vejaciones y maltratos “habituales en ese sistema aberrante que no respeta la cultura”. Hamed alega que los carceleros les tenían miedo, “cualquier movimientos era sospechoso de que harían algo y por esta razón nos pegaban.”
“La vida en Guantánamo es muy difícil, estar metido en una jaula, sin apenas poder andar es muy duro. No sabíamos nada del exterior, nos apoyábamos unos a otros dándonos consejos y leyendo el Corán, que era la única ayuda que teníamos allí”.
CULPABLES: LA ARBITRARIEDAD Y LA INDIFERENCIA
Después de dos años, Javier Nart ha conseguido traerlo de vuelta a España. En declaraciones a la Cadena SER, en una dura crítica a la administración Bush y al antiguo gobierno del PP, este abogado penalista ha denunciado que “se le lleva a prisión sin un proceso judicial básico, lo que supone un delito en nuestro país.”
Su defensa era muy difícil porque “la autoridad militar norteamericana determinó que algunos ciudadanos quedaban bajo su potestad sin posibilidad de derecho humano y eso era el verdadero reto”. El Gobierno de entonces también supuso un problema por su indiferencia, según Nart.
Ahora, el abogado que lleva el caso es Marcos García Montes. En principio Javier Nart se ofreció a colaborar con el abogado defensor, hasta que descubrió que “a nadie le interesaba esto y me ofrecí a ayudar y dar todo de mí por cambiar esta situación, entonces mi función se convirtió en devolver a Abderraman la condición de ser humano y eso es lo he conseguido.”