El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Ricardo Blázquez, ha defendido el derecho de la Iglesia o de cualquier colectivo, bien sea un partido político o un sindicato, a rememorar la historia pero sin que esa mirada al pasado pretenda "reabrir heridas, atizar rencores o alimentar desavenencias". Blázquez ha protagonizado un desmarque, casi histórico, sobre la actitud de la Iglesia Católica durante la guerra civil. "Miramos al pasado con el deseo de purificar la memoria, de corregir posibles fallos, sin ánimo de revancha, ya que nadie tiene el derecho a sofocar los legítimos sentimientos de otro, ni en imponer los propios", afirmó el presidente de los obispos.
Según Ricardo Blázquez, el derecho a recuperar la memoria histórica que asiste a cualquier colectivo no debe servir para reabrir heridas, atizar rencores o alimentar desavenencias. Un mensaje en el que el presidente de los obispos marcó distancias con la línea más dura del episcopado al introducir un matiz de autocrítica sobre algunas actuaciones de la Iglesia en la Guerra Civil.
"Al recordar la historia en muchas ocasiones tendremos motivo para dar gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron. Probablemente en otros momentos, ante actuaciones concretas, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos. La purificación de la memoria implica también el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda", afirmó el presidente de los obispos en la víspera del 20-N.
Según Blázquez, la memoria colectiva no se puede fijar de modo selectivo porque es posible hacer apreciaciones diferentes sobre los mismos hechos y por eso ha apelado a que los historiadores sigan trabajando para ofrecer plena luz sobre lo que ocurrió durante la Guerra Civil.
En su discurso Blázquez ha reivindicado la figura del cardenal Tarancón -que ya intentó un desmarcamiento de la Iglesia con la Guerra Civil en 1971, que fracasó- en el centenario de su nacimiento. De él ha destacado su papel crucial en la transición a la democracia desde lo que ha calificado como régimen personal, en referencia a la dictadura de Franco.
El 20 de noviembre de 1975, el presidente de Gobierno, Carlos Arias Navarro, comunicaba la muerte del dictador que había dirigido España con mano de hierro durante 35 años tras una Guerra Civil que la Iglesia Católica calificó de "Cruzada". Una semana después de la muerte del dictador, el 27 de noviembre, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, se atrevía a afirmar, durante la misa de coronación de don Juan Carlos, "que reine la verdad en nuestra España; que la mentira no invada nuestras instituciones; que ninguna forma de opresión esclavice a nadie". El cardenal Tarancón, presidente de la Conferencia Episcopal, hizo del diálogo un valor en sí mismo durante la Transición, lo que le costó los famosos gritos de la ultraderehca de "Tarancón, al paredón".
Desde entonces, la apuesta de la Conferencia Episcopal fue más o menos clara por esa línea rupturista. Aunque en 1999, accedió a la presidencia de los obispos Antonio María Rouco Varela, que aseguraba en 2000 que "el futuro no se construye sobre falsificaciones de la historia. Las causas de aquella guerra civil y sus consecuencias son complejas. Simplificar los hechos para obtener de ellos determinados rendimientos políticos e ideológicos no contribuye a restañar las heridas y cimentar la paz". En 2005, llega al puesto Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao, que ayer dejaba dos argumentos de importancia: el perdón por ciertos momentos de la Historia y el hecho de que nadie es quién para imponer al otro sus convicciones.