Martes, 29/5/2012 11:03
"Es el resultados de una misión a nuestro pasado africano profundo", describe uno de los autores de la investigación que amenaza con agrietar los pilares de la evolución humana. Un equipo internacional de científicos describe por primera vez el último antepasado común entre humanos y chimpancés. La revista Science publica el informe sobre el Ardipithecus ramidus, un homínido que vivió hace 4,4 millones de años en lo que hoy es Etiopía. El informe sobre el esqueleto parcial de la hembra "Ardi" cuestiona que los homínidos y los simios africanos hayan seguido un camino común y abre la puerta a diferentes senderos evolutivos.
Tras analizar el cráneo, los dientes, pelvis, manos, pies y otros huesos de 'Ardi', los investigadores han determinado que tenía una mezcla de rasgos "primitivos" compartidos con sus predecesores, los primates del Mioceno, y rasgos "derivados", que comparte exclusivamente con homínidos posteriores.
La antigüedad de este ejemplar de Ardipithecus nos acerca un poco más a nuestro último ancestro común con el mono. Sin embargo, varios de sus rasgos no aparecen en los simios africanos de la época moderna. Una conclusión sorprendente es que es probable que los simios africanos hayan evolucionado ampliamente desde que compartimos ese último ancestro común. Eso convertiría a chimpancés y gorilas vivos en pobres modelos para el último antepasado común y para entender nuestra propia evolución desde esa época.
"En Ardipithecus tenemos una forma no especializada que no ha evolucionado mucho en la dirección de Australopithecus. Por lo que cuando vas de la cabeza a los dedos del pie, lo que ves es una criatura mosaico, que no es ni chimpancé, ni es humano. Es Ardipithecus", ha dicho Tim White de la Universidad de California Berkeley, uno de los principales autores de la investigación.
Tal informe "abre una ventana a una etapa de la evolución humana de la que hemos sabido poco, cuando los homínidos primitivos estaban estableciéndose en África, poco después de separarse del último antepasado que compartieron con los simios africanos", ha señalado Brooks Hanson, subeditor de ciencias físicas de Science.
Science dedica una edición especial a 'Ardi', una hembra de unos 50 kilogramos y 120 centímetros de altura. No es para menos. Su análisis remueve los pilares de la evolución. Hasta la fecha, los investigadores asumían que los chimpancés, gorilas y otros simios africanos modernos conservaban varios de los rasgos del último antepasado que compartieron con los humanos. Pensaban que nuestro ancestro más lejano se parecía más a un chimpancé que a un humano. Por ejemplo, creían que se habría adaptado para balancearse y colgarse de las ramas de los árboles, y quizá, que había andado sobre sus nudillos mientras estaba en el suelo.
Sin embargo, el análisis detallado del Ardipithecus cuestiona esos supuestos. Estos homínidos parecen haber vivido en un entorno boscoso, en donde treparon a cuatro patas por las ramas de los árboles, como hicieron algunos de los primates del Mioceno. Caminaron erguidos en dos patas, cuando su vida se desarrolló en el suelo. No parecen haber andado sobre nudillos o haber pasado mucho tiempo columpiándose y colgándose de las ramas de los árboles, especialmente como lo hacen los chimpancés. En general, los hallazgos sugieren que los homínidos y los simios africanos han seguido diferentes senderos evolutivos. Ya no podríamos considerar a los chimpancés como "reemplazos" de nuestro último antepasado común.
"Darwin dijo que tenemos que ser muy cuidadosos. La única manera en que vamos a saber realmente a quién se parece este último antepasado común es ir y encontrarlo. Bien, pues de hace 4,4 millones de años encontramos algo bastante cercano. Y, tal y como Darwin entendió, la evolución de los linajes de los simios y el linaje humano ha avanzado independientemente desde la época en que esas líneas se separaron, desde el último antepasado común que compartimos", ha dicho uno de los jefes de la investigación.
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La noticia no es tan llamativa como pudiera aseverar en un primer instante. Y lo digo, porque sin duda es más relevante los restos del Toumai, hallados en el desierto del Djurab (Chad), por el paleontólogo francés M. Burnett (2002). Se cree que este nuevo especímen (con una antigüedad de más de 7 millones de años) representaría el eslabón común entre póngidos y homínidos.
En su momento, hace algunos años, mi profesor de prehistoria, a una pregunta mia sobre los últimos datos de la evolución humana, me dijo "no hay últimos datos, cada día se descubren nuevos restos que obligan a redefinir la secuencia de la evolución". Ya hace algunos años de esto (unos 20), y me soprende lo actual que está esta aseveración, lo cual me alegro. Mientras más datos vayan surgiendo, mejor, así comprenderemos mucho mejor nuestro desarrollo y nos vamos olvidando, de una vez, de estereotipos decimonónicos, como lo del "eslabón perdido". Enhorabuena.
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En una edición especial de Science, un equipo internacional de científicos describe minuciosamente a Ardipithecus ramidus, una especie homínida que vivió hace 4.4 millones de años