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OPINIÓN

La verdad de las mentiras

Este artículo del periodista Fernando Santiago, presidente de la Asociación de la Prensa de Cádiz, analiza en 'El Correo de Andalucía' el diferente trato que han tenido periodistas de la CADENA SER frente a otros de 'El Mundo' por publicar una información veraz

   25-01-2010 - 12:15 CET

Este artículo del periodista Fernando Santiago analiza en 'El Correo de Andalucía' el difente trato que han tenido periodistas de la CADENA SER frente a otros de 'El Mundo' por publicar una información veraz

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Dos sentencias judiciales se han cruzado estos días en el quehacer del periodismo español. Por un lado un juez de Madrid ha condenado a dos periodistas de la Cadena SER, Daniel Anido y Rodolgo Irago, por colgar en internet una noticia que el propio juez considera veraz, contrastada y de relevancia pública. De manera sorprendente el juez considera que internet no es un medio de comunicación. Mucho más sorprendente aún ha sido el Fiscal General del Estado con su apoyo a la actuación de la fiscalía y hasta al juez que pretende limitar el derecho constitucional de los ciudadanos a recibir información veraz que reconoce el artículo 20.1.d) de la Constitución. Es curioso que el oscuro proceso que llevó a Esperanza Aguirre a presidir la Comunidad de Madrid haya concluido con la condena de cárcel e inhabilitación a dos periodistas que publicaron un información cierta y de interés general. Son esas situaciones tragicómicas que agitan la vida nacional.

A los pocos días la Audiencia Provincial de Sevilla confirmaba una sentencia anterior en la que se absolvía a dos periodistas de 'El Mundo', Francisco Rosell y Javier Caraballo por haber imputado a Manuel Chaves y Luis Pizarro, entre otros, el espionaje a los presidentes entonces de las cajas de ahorro de Sevilla. Lo curioso del caso es que el juez determina que la noticia no era veraz y que los periodistas no la comprobaron con diligencia profesional, pero aún así rechaza la demanda interpuesta por Chaves y Pizarro porque no se ha podido demostrar un "temerario desprecio a la verdad". Resulta paradójica la actuación diferente de unos periodistas y otros. Mientras los de la Cadena SER contrastaron la información y una vez demostrada su veracidad la difunden los de 'El Mundo' no lo hicieron y la difundieron igual. A los primeros se les condena y a los segundos se les absuelve. Dos maneras de ver la vida, dos medios de comunicación diferentes y dos actuaciones judiciales aunque parecidas, mucho más distantes de lo que parecen.

La sentencia condenatoria a los periodistas de la SER imagino que será tumbada en instancias superiores para que España no tenga la vergüenza internacional de ver condenados a dos periodistas que hicieron bien su trabajo. No se trata de que la condena sea desproporcionada: no hay proporción cuando se trata de publicar la verdad en casos de interés general. Es un disparate sin más. Si se aplicase a rajatabla sería el fin del periodismo. Ya se sabe que noticia es todo aquello que alguien quiere ocultar y en el caso de la Comunidad de Madrid y Villaviciosa de Odón había muchos intereses en juego para tapar todo lo que ocurrió con el fin de entronizar a Esperanza Aguirre. La verdad siempre se abre camino aunque a veces tarde tiempo y sacrificio.

Si alguien le dedica interés a leer los 85 folios de la sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla que confirma el fallo anterior por el que se rechazó la demanda contra Rosell y Caraballo entendería que 'El Mundo' no tiene tantos motivos de alegría. Es cierto que sus dos periodistas pueden respirar porque a pesar de haber publicado mentiras no va a haber consecuencias. Se han librado porque no se ha podido demostrar la mala fe al publicarlas, eso que los jueces llaman "temerario desprecio a la verdad" en una sentencia que se basa en la doctrina del Tribunal Supremo de los EEUU. 'El Mundo' ha ocultado que en la sentencia se determina con claridad que Rosell y Caraballo no actuaron con diligencia profesional y que el espionaje no está acreditado. Los jueces señalan que fueron malos profesionales. De manera pormenorizada la sentencia determina como único hecho probado la presencia de un investigador en el restaurante La Raza el día 24 de septiembre de 2001. Los periodistas sólo llamaron a uno de los cinco acusados de espionaje (Chaves, Pizarro, Pino, Escámez y Castellanos). De manera meticulosa y pormenorizada la sentencia busca lo que los americanos reclaman para el periodismo, 'just the facts': sólo los hechos. Y no hay tales. No hubo espionaje o, dicho por los jueces: no se pudo acreditar. Aún así la noticia salió como "Chaves manda espiar a los presidentes de las cajas sevillanas". Pizarro lo desmintió, los hechos no se han podido probar, la sentencia determina que Rosell y Caraballo fueron malos profesionales pero Rosell, en un artículo del 10 de enero de este año todavía habla de espionaje. Estoy convencido que ni Chaves ni Pizarro debieron haber ido por la vía judicial contra estos periodistas, aunque les asiste tal derecho al verse injuriados de manera mendaz. Pero la verdad es que el supuesto espionaje jamás se ha demostrado y que el periódico no ha pedido excusas sino que se ofrece como víctima cuando han actuado sin la diligencia profesional exigible, como señala la sentencia. Pero la Constitución protege también las informaciones erróneas.

Hay gente que ha convertido en una profesión la lucha contra el PSOE y contra sus máximos dirigentes. Viven de ello y para conseguirlo no les importa nada el apego a la verdad. Cuando la luz del proyecto vital ilumina, todo lo demás carece de importancia, mucho menos la verdad. Los hechos se convierten en una pequeña molestia sin importancia frente al gran objetivo. A partir de ahí se pueden vender un montón de libros y usar el propio periódico para objetivos personales, mientras el chiringuito siga dando réditos, mientras la vaca siga dando leche. Eso de que la mentira tiene las patas muy cortas no parece que sea cierto, a tenor de cómo se puede usar la mentira en propio beneficio. No hubo tal espionaje, no fue a "los presidentes", la sentencia demuestra que se obró con negligencia, pero nada importa. Se ocultan los fundamentos de la sentencia y se ofrece la absolución como un todo para seguir en la mentira. Es curioso que quien cuenta la verdad pierde y quien cuenta la mentira gana. Paradojas de la justicia. Lo extraordinario del caso es que empujados por 'El Mundo' dirigentes de Izquierda Unida y del Partido Popular aprovechan para criticar a Chaves y a Pizarro en una muestra de que a ellos tampoco les importa mucho la verdad: prefieren el ataque al adversario y agasajar al responsable de un periódico para ser tratados con cariño en otras oportunidades. Más curioso aún es que para algunos periodistas las víctimas sean dos personas que han actuado con negligencia. En esta bendita profesión habría que seguir la máxima de Sócrates "amo mucho a Platón pero amo más a la verdad".

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